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((**Es7.386**) inspector se iba artificiosamente por los cerros de Ubeda, sin responder a tono. -En cuanto a ello, don Bosco ha sonsacado un decreto de aprobación al Delegado Real, el cual tolera por este año aquellas escuelas. Así que, por cuanto atañe a la ley, no tengo nada que replicar. -Estamos en relación, dijo entonces el señor Gatti, con el Delegado Real, y parece que el decreto por el que autorizó a don Bosco, no sea legal. -Si sólo parece que no sea legal, quiere decir que todavía no se ha decidido que no lo sea, y mientras la cuestión está pendiente no debemos molestar a nadie. Mas don Bosco se ha lamentado de que se hicieron a sus muchachos preguntas indiscretas o inoportunas y esto me desagrada. -Vuestra Excelencia tendrá ocasión de convencerse de que eso no es cierto, añadió el inspector. -Aquí tenemos al mismo don Bosco, agregó el Ministro; dejémosle hablar y así se pondrá en claro la verdad; pero, ay de los embusteros, repitió con energía, ay de los impostores; jamás toleraré que me engañen. Puede cada cual imaginar la turbación del inspector y de Gatti, cuando advirtieron la presencia de don Bosco y ((**It7.451**)) oyeron las resueltas palabras del señor Ministro. No es hipérbole decir que el primero se puso rojo como la grana, por la vergüenza de haberse mostrado como hombre de dos caras por su propia boca, al poner por la nubes las escuelas del Oratorio en presencia de don Bosco y sus maestros y cubrirlas luego de infamia ante el Ministro. Y que al segundo le acometieron los escalofríos de la fiebre, por miedo a que se descubriesen sus truhanerías contra el Oratorio y tantos otros centros similares. El hecho es que Gatti, no pudiendo aguantar aquel inesperado encuentro, pidió salir un momento, so pretexto de despachar asuntos urgentes y no apareció más, dejando sólo en el apuro a su compañero. Y aquí acaeció un episodio que queremos recordar para mostrar lo poco que cuesta al Señor humillar a un hombre soberbio, aunque sea poderoso. Fue tal la confusión que en aquel instante invadió al pobre Gatti, que, al salir de la sala, equivocó la dirección y, en lugar de abrir la puerta, abrió un armario. Ante este hecho sonrió el Ministro y dijo: -Despacio, despacio, caballero, que eso es un armario; vuelva atrás. Y, levantándose, fue él mismo a abrirle la puerta. El profesor, al (**Es7.386**))
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