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((**Es6.590**) mismísimo instante deliraba entre espasmódicos dolores, se sentó de pronto en la cama, miró alrededor y, completamente sereno y jovial, exclamó: >>-íEstoy curado! >>Y volviéndose a don Bosco, preguntó: >>-Y ahora qué tengo que hacer? >>-íLevántate en seguida y ven conmigo a cenar!, -contestó don Bosco. >>Quería don Víctor Alasonatti ayudarle a vestirse, pero don Bosco le dijo: >>-No, si quiere estar curado, que se levante por sí solo. >>Los presentes le advirtieron que, dejar sin más la cama tan de repente, sería peligroso por la gran transpiración que todavía experimentaba. >>-No importa, replicó don Bosco; levántate, Davico; Domingo Savio no concede las gracias a medias; levántate y ven a cenar. >>Al oír estas palabras de don Bosco, todos comprendieron que, al hablar en voz baja al oído de Davico, no había hecho más que exhortarle a pedir su curación a Domingo Savio. Yo quise ayudarle a defenderse del aire frío, pero don Bosco me invitó a seguirle diciéndome: >>Déjele arreglarse por sí mismo, que ya es capaz de hacerlo. >>Para colmo de nuestro estupor, tan pronto como Davico salió de la cama, vomitó todas las medicinas que se le habían dado, de modo que no se puede atribuir la curación más que a la intercesión del santo joven Domingo Savio. >>En cuanto se vistió, todos alegres, y bendiciendo al Señor, bajamos con él al patio donde los alumnos, que se habían enterado de lo sucedido, habían acudido para verle. El llevaba todavía en la cabeza el gorro blanco de dormir y hablaba y reía ((**It6.783**)) con todos. Entró en el refectorio, sentóse al lado de don Bosco y cenó con mucho apetito; después, volvió a acostarse. Al día siguiente se levantó con los demás, y ahora se encuentra tan bien como antes. íGracias a Dios!>>. La relación está firmada por el caballero Federico Oreglia di Santo Stefano y el clérigo Domingo Ruffino. También Francisco Dalmazzo dio amplio testimonio de esta curación repentina; y el mismo Modesto Davico, más tarde sacerdote, nos confirmó este hecho, en los últimos años de su vida, atribuyendo su curación a la viva fe de don Bosco. Estos hechos atraían hacia don Bosco la continua, reverencial, pero sagaz curiosidad y atención de todos los alumnos, especialmente (**Es6.590**))
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