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((**Es6.588**) es decir sobre el peldaño, observándolo todo con los ojos bien abiertos. Entre tanto don Bosco se había aprestado a repartir el pan. Los muchachos iban desfilando ante él, felices por recibirlo de su mano, y se la besaban al tiempo que él decía a cada uno una palabra o le dedicaba una sonrisa. >>Todos los alumnos, casi cuatrocientos, recibieron su panecillo. Al acabar la distribución, quise examinar de nuevo la canasta y con gran admiración, comprobé que había en ella la misma cantidad de pan que antes del reparto, sin que hubieran llevado más panes o cambiado la canasta. Quedé atónito y corrí derecho a mi madre que replicaba: >>-íVamos! >>Pero le contesté sin más: >>-Ya no voy; no quiero marcharme, me quedo aquí. Perdóneme haberle causado esta molestia haciéndola venir a Turín. >>Después le conté lo que había visto con mis propios ojos, diciéndole: >>-No es posible que yo abandone una casa tan bendecida por Dios y a un hombre tan santo como don Bosco. >>Y fue éste el único motivo que me indujo a ((**It6.780**)) permanecer en el Oratorio y más tarde a asociarme a sus hijos>>. De otro prodigio fue testigo el joven Dalmazzo. El 10 de noviembre de 1861, acaeció en el Oratorio una curación, de la que dio un amplio informe escrito el caballero Oreglia di Santo Stefano: <(**Es6.588**))
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