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((**Es3.126**) y quiso continuar esta costumbre durante muchos años. El entusiasmo de los cantores, con los cuales había resuelto la necesidad del momento, le animó, al cabo de algunos meses, a organizar una escuela preparatoria al frente de la cual colocaba al joven Santiago Bellia. Don Bosco no se conformaba con hacer cantar, quería se enseñara a cantar. El mobiliario de la escuela no podía competir con el de sus émulos. Servía de atril una silla, colocada sobre una mesita adosada a la pared. Sobre ella ponía unos cartelones con los primeros ejercicios de música que él mismo había escrito, imitando las letras de imprenta. El teólogo Nasi y don Miguel Angel Chiatellino iban, cuando podían, a dar algunas lecciones, diríase que de perfeccionamiento, a los que don Bosco consideraba que daban mejores esperanzas. ((**It3.150**)) Corrió por la ciudad la noticia de aquellas lecciones. Como era la primera vez que se daban clases públicas de música y tan numerosas, y que se enseñaba canta a muchos alumnos a la vez, hubo una enorme afluencia de curiosos. Don Bosco dejó escrito: <>, puesto que yo no sabía la millonésima parte de lo que sabían aquellas celebridades y hacía de maestro en medio de ellos. Claro que ellos no venían a recibir de mí lecciones, sino a observar cómo era el nuevo método, diría simultáneo, que es el mismo que se usa todavía en nuestras Casas. En los tiempos pasados todo el que deseaba aprender música vocal, debía buscarse un maestro al que le diese lecciones individualmente. Cuando tales alumnos estaban suficientemente instruídos, se unían, formaban los coros y, bajo la dirección de un hábil director, cantaban en teatros o iglesias>>. Aquellos experimentados profesores admiraban el silencio, el orden y la atención de los alumnos; las industrias de que se valía don Bosco para enseñar a los muchachos una música que, si no era clásica, tenía sin embargo sus dificultades, y cómo lograba que modulasen las voces al pasar de tono; cómo calculaba la extensión de las mismas y les adiestraba a cantar de soprano, sin que los muchachos se cansaran ni sufriera quebranto su salud. Aseguraban ellos que en esto habían aprendido no poco de don Bosco. Y siguieron después su ejemplo y su método. El, en tanto, demostraba estar a la altura de su cometido y ser capaz, por sí solo o ayudado por otros, de llegar más allá de cuanto se podía prever. (**Es3.126**))
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