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((**Es19.141**) Habéis oído estas palabras en medio de la alegría y el esplendor de la apoteosis de don Bosco y os auguramos que ello contribuya a esculpirlas en vuestros corazones. Sois hijos de un Santo; y habéis de mostraros siempre dignos de tal honor por doquiera. Ello os ayudará, queridos míos, a dirigir vuestros pensamientos, deseos y aspiraciones hacia lo alto, hacia la verdad y el bien; así estará contento vuestro Beato de vosotros y se os reconocerá por todas partes y se dirá que el Beato don Bosco ha sido glorificado en la sabiduría de sus hijos. Y ahora para alcanzaros el cumplimiento de estas metas sublimes, os impartimos la Bendición Apostólica extensible a todas vuestras intenciones: la impartimos a los Salesianos, alumnos y exalumnos, a los colegios, a las Misiones, a todo lo que lleváis con vosotros o que está en vuestro pensamiento: entendemos que llegue a todo nuestra bendición. Todos se postraron para recibir la bendición del Papa, el cual en medio de los aplausos abandonó la sala, acompañado por las miradas ansiosas y centelleantes de aquella generosa juventud. Pensaban los Superiores Salesianos imprimir a las manifestaciones romanas un carácter de perennidad, mediante una obra que fuese imperecedero recuerdo en Roma del fausto suceso para los venideros. Por eso llevaban ya entre manos una empresa que resultaba muy oportuna. Se estaba formando, desde hacía veinte años, un barrio nuevo, cada vez más populoso entre Tor Pignattara y Via Appia Nuova. Los nuestros habían adquirido por allí, en 1929, junto a la vía Tusculana ((**It19.163**)) un estimable terreno que medía treinta y cinco mil metros cuadrados, con la idea de levantar amplios talleres y escuelas profesionales para unos trescientos jóvenes internos, más otras construcciones para oratorio festivo y centro postescolar. Se pensaba también en construir un templo majestuoso para atender las necesidades espirituales de la nueva población, con capacidad para seis mil fieles por lo menos y dedicado a María Auxiliadora. Los planos, confiados al hermano arquitecto Julio Valotti, ya estaban preparados en abril de 1928 y el doce de mayo del año siguiente, día onomástico de Pío XI, fueron presentados al Padre Santo, a quien se le comunicó que se quería titular la obra con su nombre, como devoto homenaje de los Salesianos en su inminente jubileo sacerdotal. El Papa manifestó su agradecimiento por la filial demostración; y, al examinar detalladamente los planos de las escuelas, se detuvo ante el proyecto de la iglesia y mostró su satisfacción. Y como se entendía comenzar ésta en un segundo tiempo, exhortó a que se empezara sin demora. Por tanto, cuando se anunciaba como cierta y próxima la beatificación de don Bosco, aunque todavía no estuviera acabada ni siquiera la primera ala del edificio escolar, los Superiores determinaron que, en el programa de las fiestas que se preveían, se incluyese también la ceremonia de la (**Es19.141**))
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