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((**Es18.353**) que contentarse con tomar posesión de la misión, bendiciéndola desde lejos y poniéndola bajo la protección de María Auxiliadora. Monseñor Cagliero fechó allí, en Punta Arenas, ((**It18.404**)) una carta para don Bosco que comenzaba así: <>. Y después de referir el viaje hecho y el que tendría que hacer, proseguía: <>. El día cuatro de junio llegaron a Montevideo, desde donde siguieron el viaje hasta Buenos Aires. Monseñor Cagliero presidió allí una conferencia inspectorial, que él mismo convocó y que resultó más digna de nota por la casual y afortunada presencia de los siete salesianos sobrevivientes de la primera expedición misionera de doce años antes 2. Monseñor Fagnano ardía en deseos de comenzar de una vez la evangelización de sus pobres salvajes fueguinos. Se dice que el dinero es el sostén de una guerra, pero sin dinero tampoco se fundan ni se sostienen las misiones católicas. Nuestro Prefecto Apostólico no se atrevía a esperar nada de los salesianos de Argentina, ((**It18.405**)) cargados de deudas. Se las arregló, pues, como pudo y agudizó aquel su sagaz y hasta temerario ingenio, que tenía para los asuntos económicos. Consiguió finalmente del Inspector de Buenos Aires un sacerdote, un clérigo y un coadjutor 3, y se abandonó en manos de la Providencia. 1 Es la carta publicada en el Ap., Doc. núm. 76. 2 Los dos monseñores Cagliero y Fagnano; don Santiago Costamagna, los sacerdotes Valentín Cassini, Juan Allavena, Domingo Tomatis y el coadjutor Belmonte. 3 El sacerdote don Antonio Ferrero, el clérigo Fortunato Griffa y el coadjutor José Audisio. (**Es18.353**))
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