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((**Es17.727**) Navidad, antes de la santa misa, ante una innumerable muchedumbre, nació a la gracia esta segunda flor plantada por María en nuestra casa durante su mes. íQué cambio se efectuó entonces en el corazón de aquel judío-protestante! Decíame algunos días después del santo bautismo: -Se extrañaban de que durante las primeras semanas fuese muy frío y titubeante, para el catolicismo: ísi hubiesen visto cómo se encontraba entonces mi espíritu! Estaba oprimido por la más profunda tristeza y melancolía y cuando entraba en la iglesia me parecía ir a la muerte. Me encontraba entonces como en plena noche, encerrado en un cuarto obscuro; pero todo cambió, como cuando se enciende una luz o sale el sol; vino la alegría y la paz. Ahora sé que Jesús está en la iglesia, sé que lo recibo en la santa comunión; estoy en gracia de Dios y espero el Paraíso. No deseo más que hacer con mis pobres hermanos y con mi madre lo que los sacerdotes de este Colegio han hecho conmigo. Creo que si un sacerdote fuese alguna vez a mi casa y tratase de la religión, seguramente, al escucharlo mis hermanos y hermanas, alguno al menos se haría católico, ((**It17.842**)) porque todos tienen gran deseo de saber cómo es la religión católica. Efectivamente no hay sermón en San Carlos, al que no asista el padre de nuestro neófito, que dice de él: -Se advierte la inquietud de su corazón, porque tiene gran deseo de oír hablar a algún sacerdote. Lo que más me impresionó es que, si hay un solo Dios, debe haber una sola verdad y una sola religión que nos haga buenos y felices eternamente. No acabaría nunca , si quisiese referirle los buenos sentimientos de nuestro convertido; ya ha traído aquí alguna vez a un hermano suyo de doce años y espera convencerlo, lo mismo que a los otros doce miembros de su familia. Nosotros lo ayudaremos en esta saludable empresa con todo nuestro celo. Me siento feliz al poder decirle, queridísimo y venerando Padre, que esta flor de María nos pareció tan hermosa que la quisimos ofrecer también a nuestro querido padre don Bosco y, por eso, el reverendo padre inspector, don Santiago Costamagna, puso al catecúmeno en el santo bautismo el nombre de Juan en recuerdo de usted. Este nombre será un indicio o señal de predilección de María Santísima Auxiliadora y una prenda de perseverancia y eterna salvación. Se nos llena el alma de satisfacción, al ver cómo el nombre de nuestro Padre común se reproduce en los varios países del mundo y suena ya a orillas del Plata y en las desiertas orillas del Río Negro. Acuérdese usted también de su tocayo (como dicen por aquí), impetrándole de Dios unas bendición que lo ayude a llevar dignamente su nombre. Mientras tanto, pienso que, con la presente, recibirá usted una carta suya por la que conocerá sus sentimientos 1. 1 El joven Bach escribió una carta a don Bosco desde el colegio Pío IX en Almagro. La transcribimos textualmente: Al Recerendísimo padre don Juan Bosco. Distinguido Padre mío: Aunque no tenga el gusto de conocer a V. R., sin embargo le declaro la máxima satisfacción que tengo, por haber recibido aquí el santo bautismo y encontrarme en el colegio Pío IX, donde sigo recibiendo la educación que me confirme siempre más en la religión. Otro motivo tengo de gloriarme, porque he recibido el bautismo con el nombre de un Padre tan distinguido como es Vuestra Reverencia. (**Es17.727**))
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