Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


((**Es17.385**) recomendaban a sus oraciones un hijo del general Colombe. El joven oficial, gravemente herido ((**It17.446**)) en la guerra de Tonquín, estaba a punto de someterse a una difícil operación; pero el padre, que se encontraba en Marsella, no conocía todavía toda la verdad. Ignoramos qué sucedió después. El día anterior una señora le había conjurado, con los ojos arrasados en lágrimas, a que rezase por su marido, que no quería cumplir el precepto pascual ni quería oír hablar de la Iglesia o de los sacerdotes. Don Bosco le dio dos medallas, una para ella y otra para su marido; pero ella, conociendo sus sentimientos, decía que no se atrevería a presentársela a su consorte: don Bosco insistió en que lo hiciera. La señora obedeció y volvía para decir que su marido, después de tener la medalla en sus manos, la contempló un rato, se la acercó a los labios, la besó, lloró, se conmovió y, aquella misma mañana, había ido a confesarse y recibir la comunión. Divulgóse la noticia de que don Bosco salía de Marsella el día veinte, lunes. La víspera quedó invadida la casa. Los pasillos, la iglesia, el patio estaban atestados a ciertas horas. Una circunstancia extraordinaria aumentó el entusiasmo. Mientras don Bosco se revestía para salir al altar, le anunciaron que había llegado en coche la señorita De Barbarin, que todo el mundo sabía estaba enferma en cama desde hacía cinco años. Don Bosco habíale enviado recado el sábado por la tarde para que fuera a oír su misa el día siguiente.Parecióle a la madre que no se debía dar importancia a aquella invitación, y no quería que se moviese. Pero la hija no le hizo caso. Al acercarse la hora, llamó a las camareras, se vistió, subió al coche y llegó a San León con estupor de todos. Cuando entró en la iglesia, sus conocidos no podían dar crédito a sus propios ojos. Asistió, casi todo el tiempo de rodillas, al santo Sacrificio, desayunó con don Bosco y después, alegre como unas pascuas, dio vueltas por el patio sin apoyo de ninguna clase. Al llegar aquí y por no repetir lo ya dicho en ocasiones análogas cederemos la palabra a Viglietti. <((**It17.447**)) alguna que contar, fruto de bendiciones recibidas los días pasados. Traen a don Bosco lisiados ya enderezados, sordos que ahora oyen, enfermos y moribundos que gozan de perfecta salud; pecadores que, arrepentidos, quieren o imploran la bendición de don Bosco. Han dejado hasta ahora trece mil liras, únicamente en limosnas menudas, a la casa. >>En dos o tres días, los visitantes se han llevado todas las plumas, (**Es17.385**))
<Anterior: 17. 384><Siguiente: 17. 386>

Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


 

 

Copyright © 2005 dbosco.net                Web Master: Rafael Sánchez, Sitio Alojado en altaenweb.com