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((**Es16.183**) apiñadas a la puerta de casa. Fue un desfile interminable de sanos y enfermos, de Versalles y de otras partes. Una familia, amiga de don Bosco y de las Agustinas hospitalarias de Versalles, logró que el Santo visitase su casa de San Martín. Llegó allí donde ya le esperaban las religiosas, las señoras que vivían con ellas, las enfermas y una multitud de personas de la ciudad, que llenaban el claustro desde la puerta de entrada hasta la de la iglesia. Había también enfermos que deseaban recibir su bendición. Abrióse paso con dificultad, entró en la iglesia, y acercóse al altar, subió a la tarima y dijo: -Aunque el tiempo apremia, quiero deciros dos palabras. Me siento feliz por hablar a buenos cristianos en este día, en el que se celebra la fiesta de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía y la de María Auxiliadora, Reina del ((**It16.212**)) cielo. íMaría, Auxiliadora de los pobres y Auxiliadora de los hijos! Auxiliadora de los amigos y Auxiliadora de los enemigos, Auxiliadora de los afligidos, de los herejes, de los cismáticos, de los pobres pecadores; en una palabra, Auxiliadora de todos, porque esta buena Madre quiere convertir a todos. Mas, para merecer su amor, hay que honrar al Hijo y os indico ahora algunos medios para lograrlo. Para ser queridos por El, hay que recibir a menudo los sacramentos, comulgar lo más frecuentemente posible y, cuando no se pueda, hacer la comunión espiritual; además, oír la santa misa, visitar a Jesús Sacramentado, asistir a la bendición, hacer obras de caridad en honor de Nuestro Señor Jesucristo, porque agrada al Señor que se practique la caridad. -Yo no dejaré de rezar por vosotros, y vosotros, por vuestra parte, rezad por este pobre sacerdote, por mis misioneros, por mis huerfanitos, por todas mis obras. Pediré a Dios que bendiga esta casa donde se hacen tantas obra de caridad; rezaré por las religiosas y por todas las personas que viven aquí, para que todas sean buenas cristianas. Rezaré por todos vosotros a María Auxiliadora, porque esta buena Madre quiere interceder por todos nosotros y espero que nos alcance ir a verla en el Cielo. Por una gracia especial del Padre Santo, tengo la facultad de dar una amplísima bendición a todos los que estáis aquí reunidos. Esta bendición será para vosotros, y también para vuestros parientes, vuestros amigos, vuestros enfermos, porque son muchos los que sufren; servirá también para todos los objetos de piedad que tenéis con vosotros. Entonces don Bosco, cruzando los brazos sobre el pecho y bajando los ojos, pronunció una larga fórmula de bendición, que terminó con una gran señal de la cruz. (**Es16.183**))
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