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((**Es16.179**) en la sacristía, acompañado por la Superiora, a quien preguntó qué intenciones deseaba presentar al Señor en la celebración de la santa misa. En la parte de la iglesia destinada al público no quedaba ni un sitio libre, y fuera había muchos coches particulares que impedían el paso en un largo trecho de la calle. Estaba presente el padre Labrosse, provincial de los Jesuitas. Hubo muchas comuniones. Después de la misa se adelantó el Siervo de Dios hacia las colegialas y les dirigió una paternal exhortación, animándolas a vivir en el temor de Dios, evitar todo lo que pudiese desagradarle y especialmente amarlo. -Amad a Dios, les dijo, al rezar, al cumplir los deberes difíciles y al recibir los sacramentos. Tomó después un café con leche y fue luego a decir una palabra a las alumnas externas, que eran más de ((**It16.207**)) ciento. -Vosotras, les recomendó, sólo debéis conocer dos caminos: el de la escuela y el de la casa paterna. Le seguían por todas partes muchas distinguidas personas, de suerte que la Superiora, que deseaba hablar confidencialmente con él, no pudo hacerlo, porque siempre llegaba alguno que se lo impedía. Una alumna cojita, armándose de valor, fue a pedirle que le enderezase el pie torcido desde la infancia; pero el Santo la exhortó a amar a Dios sobre todas las cosas. Había dado bendiciones por todas partes, menos en la enfermería, adonde la avanzada hora no le permitió subir. -Bendigo a las enfermas, dijo a la Superiora, mientras se encaminaba hacia la salida. La buena Madre aludió a una intención suya que le interesaba muchísimo. En el momento de subir al coche la tranquilizó, prometiéndole que rezaría por ella y por todas sus intenciones; pero se lo dijo de una forma tan viva y cordial que la religiosa entró en casa radiante de alegría. Se lee en la crónica de la casa: <>. Una exalumna recuerda todavía que las colegialas, reunidas en la sala de recepción, escucharon después de la misa sus palabras y luego, admiradas todas de su santidad, intentaban acercarse a él para hacerle palpar objetos devotos 1. Otra no puede olvidar la celestial expresión con que pronunciaba las dos palabras Bon Dieu. Y añade: <(**Es16.179**))
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