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((**Es15.272**) En 1881-82 los señores principales de Oulx, pueblo de montaña en el distrito de Susa, se afanaron por alcanzar que don Bosco fuese a abrir allí un internado con bachillerato para todo aquel valle. Se estudiaron diversos planes, mas, por entonces, faltó lugar para establecerse. T U R I N Vamos a sacar del olvido un hecho, que merece ser recordado, porque honra a don Bosco y pone de relieve su habitual clarividencia en los asuntos. Faltó poco para que tuviera la dirección espiritual del Hospital de San Mauricio de Turín. La Orden de San Mauricio fue instituida por Manuel Filiberto, duque de Saboya, en 1573, con la fusión de la Orden Militar de San Mauricio, creada en 1434 por Amadeo VIII, y los Hospitalarios de San Lázaro, cuyos orígenes se remontan al siglo XII. Es aún la Orden de Caballería más prestigiosa después de la de la Santísima Anunciación, cuyo Gran Maestre es el Rey. Gracias a la contribución del Estado y a la beneficencia de los particulares, la Orden fundó en sus comienzos, en la parte oriental de Turín, un hospital que se llamó Mauriciano o de los Caballeros, que fue ampliando sus modestos principios hasta albergar un gran número de enfermos. Primero se encontraba fuera de la población, pero, al ensancharse la ciudad, acabó por encontrarse rodeado de edificaciones y, dado el crecimiento de sus habitantes, ya no alcanzaba más amplias proporciones ni mejor emplazamiento. ((**It15.309**)) Se encontró el sitio adecuado a lo largo de la calle Stupinigi, donde no había ya más que desear por razones de desahogo y salubridad. Pero encontrar emplazamiento no era lo mismo que contar con medios de subsistencia. No eran tales las finanzas de la Orden de San Mauricio como para hacer frente a grandes desembolsos. El rey Humberto habló de ello con sus consejeros, especialmente con César Correnti, primer Secretario del Gran Maestrazgo de la Orden y que había sido en dos ocasiones Ministro de Instrucción Pública; pero la solución del problema se presentaba difícil por emás. Ahora bien, César Correnti conocía muy bien a don Bosco; más aun, Lemoyne nos hace saber, por sus apuntes, que le debía un gran favor, por el que se sentía obligado y estaba deseoso de mostrarle con los hechos su agradecimiento. Podría darse que la cuestión se remontase al tiempo en que, partidario de Mazzini, se encontraba en Turín como desterrado político de Lombardía. Cuando la cuestión del cierre de las escuelas, había intervenido con el prestigio de su nombre en defensa de don (**Es15.272**))
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