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((**Es13.274**) cruces que más suelen afligir los corazones de los santos, purificándolos y despegándolos cada vez más de la tierra 1. Pero no de todas partes llovían repulsas sobre don Bosco. Así, un buen día, a fines de octubre, le fue notificado que el representante de la navegación francesa en Génova había recibido orden de Buenos Aires para poner a disposición de don Bosco diez plazas de segunda clase 2. Como un grupito de misioneros tenía que embarcarse en Lisboa, el Siervo de Dios escribió dos veces a un sacerdote de aquella ciudad, pero no recibió respuesta alguna. Por último se dirigió directamente al Patriarca con una carta en latín, en la que rogábale encarecidamente proporcionara a sus hijos conveniente hospitalidad, a sus expensas, en el seminario o en otro lugar 3; pero también este paso debió quedar sin efecto, porque, llegado el momento de salir, don Bosco no dijo palabra de ello a ninguno y los viajeros no pensaron siquiera en presentarse al Prelado. Se eligió el 7 de noviembre para la solemne ceremonia de la despedida; durante todo aquel día tuvo don Bosco a su alrededor a aquellos queridos ((**It13.314**)) hijos, que pudieron con toda comodidad hablarle en privado y en común. Ya no se iba a lo desconocido. Don Juan Cagliero que, antes de volver a Italia había preparado su puesto a los nuevos, se había ingeniado para iniciarlos en la vida que les aguardaba. Estaba allí, además, monseñor Ceccarelli, a quien don Bosco había rogado se detuviese en Turín para enseñarles el castellano y acompañar después una parte del grupo. Sin embargo, la separación y la gran distancia hacían mella muy grande en personas que habían vivido junto a don Bosco y estaban acostumbradas, salvo pocas excepciones, a la vida tranquila de su viejo Piamonte. Más temblaban las buenas Hijas de María Auxiliadora: pero el pensamiento de que don Santiago Costamagna sería para ellas angelus in via (ángel del camino), reanimaba los espíritus. La tarde del 6 de noviembre dispuso don Juan Bautista Lemoyne que se hiciese en la capillita de Mornese una función semejante a la de Turín. Acudieron parientes y amigos de las misioneras. Tras el canto de vísperas, pronunció 1 Para mejor comprender las cosas añadiremos que monseñor Manacorda, obispo de Fossano, fue una noche entre las diez y las once a ver al Papa para hacerle una comunicación con el mayor secreto, y Pío IX le dijo: -íHablad bajo! Incluso aquí las paredes oyen. Este lo contó algunas veces a salesianos, con los que trataba con mucha familiaridad. 2 Carta del señor Gazzolo a don Bosco, Savona, 21 de octubre de 1877. 3 Véase Apéndice, doc. n.° 27. (**Es13.274**))
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