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((**Es13.101**) que tengamos local preparado, se vaya organizando la disciplina y la divina Providencia nos envíe medios para mantenerlos. Al llegar a este punto de nuestra exposición, me haréis otra lógica pregunta. La angostura del lugar, las muchas peticiones de admisión, las reparaciones, la ampliación de locales y también de esta misma iglesia donde nos encontramos, reclaman un edificio más amplio, más alto, que pueda servir mejor para la celebración de la misa, oír confesiones, dar la catequesis a los niños, predicar a los adultos y a los que viven por aquí cerca. Esto es indispensable para que el Instituto pueda alcanzar su fin, que es el bien de la humanidad y la salvación de las almas. >>Ahora bien, cómo remediar tantas necesidades? >>Cómo encontrar el dinero indispensable para dar pan a los internos, vestirlos, proporcionarles maestros, asistentes, jefes de taller? >>Cómo llevar adelante las obras comenzadas y las que habría que empezar? Todo esto es la pura verdad; es más, añado que para sostener las obras ya empezadas hubo que contraer algunas deudas, sólo se ha pagado la mitad de la casa y hay que pagar todavía más de cincuenta mil francos. A pesar de ello no debemos asustarnos. La divina Providencia, que vela como madre piadosa sobre todas las cosas, que alimenta a las aves del aire, a los peces del mar, a los animales de la tierra, a los lirios del campo, >>no nos proporcionará lo necesario a nosotros que ((**It13.109**)) ante el reador somos superiores con mucho a esos seres materiales? Más todavía: >>ese Dios, que inspiró en vosotros, en vuestros benéficos corazones el generoso pensamiento de promover, de fundar, de sostener hasta ahora esta obra, no seguirá infundiendo gracia y valor en vosotros, suministrándoos los medios para continuarla? Y más aún; Dios, el cual hizo que, sin nada se fundaran colegios, en los que se reúnen hasta catorce mil niños sin que se disponga para ellos ni de un centavo de presupuesto, >>querrá, tal vez ahora dejarnos faltar su ayuda para estas obras, que tienden, todas ellas, a aliviar la clase más abandonada y más necesitada de la sociedad civil, a socorrer a las almas que se encuentran en mayor peligro, a aquéllas para las que fueron creados el cielo y la tierra y todo lo que en el cielo y en la tierra se encuentra: esas almas por las que nuestro adorable Salvador entregó hasta la última gota de su sangre? íNo! Fuera, pues, toda duda, todo temor de que pueda faltarnos la ayuda del cielo. No hagamos este agravio a la divina bondad, no hagamos este agravio a nuestra religión y a vuestra grande y tantas veces experimentada generosidad. Estoy seguro de que la caridad, que os movió a hacer tantos sacrificios en el pasado, no permitirá nunca que quede imperfecta una obra tan felizmente comenzada. Esta esperanza tiene también otro fundamento, a más de la bondad de vuestros corazones, que se apoya en la gran merced que todos vosotros buscáis y que íDios asegura a las obras de caridad! Dios es infinitamente rico e infinitamente generoso. En su riqueza puede dar amplio galardón por cada cosa hecha por su amor; y, en su infinita generosidad, paga con medida buena y abundante la más pequeña cosa que hagamos por su amor. No daréis, dice el Evangelio, un vaso de agua fresca en mi nombre al más pequeño de los míos, o sea, a un menesteroso, sin que recibáis su recompensa. La limosna, nos dice Dios en el libro de Tobías, libra de la muerte, limpia el alma de los pecados, hace que se encuentre misericordia ante la presencia de Dios y nos lleva a la vida eterna. Eleemosina est quae a morte liberat, purgat peccata, facit invenire misericordiam et vitam aeternam. (La limosna libra de la muerte, purga los pecados, hace que se encuentre la misericordia y la vida eterna). Entre las grandes recompensas también está la de que el Salvador considera como hecho a sí mismo todo acto de caridad que se hace a los infelices. Si viésemos al (**Es13.101**))
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