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((**Es12.195**) cuyo reglamento se está imprimiendo y que pronto llegará a conocimiento de todos. El Padre Santo contempla con mucho agrado estas obras nuestras y nos quiere tanto y se cuida tanto de nosotros que parece increíble. íCuántas otras cosas tendré que contaros a este respecto! Mas por hoy ya es bastante. Apenas me presenté ante él, me dijo la mar de alegre: -Sabed que estoy muy contento; sé lo que trabajan vuestros hijos, hago que me lean siempre las cartas de vuestros misioneros en América, publicadas en la Unit… Cattolica; veo que hacen mucho bien y experimento mucha alegría con ello. Le pedí que, para resolver nuestros asuntos eclesiásticos en Roma, nos nombrase un Cardenal Protector, que defendiera ((**It12.222**)) nuestras causas ante la Santa Sede, como tienen todas las Ordenes y Congregaciones, y me respondió sonriente: -Pero >>cuántos protectores queréis? >>No os basta uno? Así me daba a entender, que quiere ser él nuestro Cardenal protector. >>Aún queréis otro? Al oír palabras de tanta bondad, le di las más cordiales gracias y le dije: -Padre Santo, diciendo eso Vuestra Santidad, yo no busco ningún otro defensor. Después de hablar de muchas otras cosas, que concernían a las misiones, nos ofreció en las Indias varios Vicariatos Apostólicos los cuales, por falta de operarios evangélicos, están a punto de extinguirse. Me ofrecía doce, en los que harían falta un Obispo y sacerdotes. Y yo decía para mis adentros: -Padre Santo, mis sacerdotes son todos muy jóvenes y, para estos asuntos, se necesitarían otros sujetos más entrados en años; sin embargo es preciso que sepa que los más jóvenes, si no fueran capaces para otras cosas, son los que siempre salen mejor del paso en el comedor... Pero, como el Papa insistía en que yo aceptase uno de aquellos Vicariatos, pensé un momento la propuesta y le dije: -Santidad, puesto que así lo queréis, acepto, pero necesito veinte meses de tiempo para preparar el personal necesario. Y los veinte meses empezarán a contar desde el momento en que me envíen los documentos relacionados con aquel Vicariato. El Papa lo aprobó e hizo pasar el proyecto al cardenal Franchi, Prefecto de la Congregación de Propaganda, por medio de su secretario. Aquél, después de reunir en consulta a otros cardenales, dispuso que se me enviaran tales documentos lo antes posible. Así pues, los que quieran ir a las Indias, tienen todavía veinte meses de tiempo. Pero tened en cuenta que estos meses no empiezan a contarse ahora, sino desde el momento en que me sean enviados los documentos necesarios para este fin. Estos no llegarán seguramente antes de septiembre. Tenemos, pues, dos años para prepararnos y en cuanto podamos encargarnos también de otros Vicariatos; allí están ya preparados y esperando. Pasando ahora a hablar de la Congregación, debo deciros que crece en ella el verdadero espíritu religioso, que como veis se multiplican los socios, que crecen siempre en ellos las ganas de trabajar y asimismo aumenta la mies. Tan pronto como uno está capacitado y sabe hacer algo, la divina Providencia le ofrece el puesto, donde tendrá oportunidad para sacar partido de su talento y de los conocimientos adquiridos. íCuántos hay, por el contrario, que salen del seminario con los estudios terminados y no saben qué hacer ni adónde ir! íCuántos comienzan una empresa y no saben llevarla a cabo! íCuántos comienzan con la mejor buena voluntad, mas, por diversas causas, son apartados de su fin, que sin embargo buscaba ((**It12.223**)) la gloria de Dios, y ven que su ministerio resulta infructuoso por las maledicencias y las calumnias lanzadas (**Es12.195**))
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