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((**Es11.211**) >>No resulta de todo esto, que lo que redunda a mayor gloria de Dios, exige una renuncia semejante? Luego no es don Bosco, sino Dios quien lo dice. Por lo demás no perdáis de vista los sacrificios, que Dios sabe premiar con largueza y que se hacen para obedecer su santa voluntad. En fin de cuentas, y para nuestro caso, considerad que el que abraza el estado religioso parece que no se preocupe para nada de sus padres; pero, sin embargo, siempre podrá dar un buen consejo, que vale más que todo el oro; puede rezar por ellos con más comodidad y la oración atrae toda clase de bienes, aun temporales. Cuántas veces les llegan a los padres fortunas, cuyo origen se ignora, y son las oraciones de los hijos las que las consiguen. íCuántos negocios prósperos, pleitos ganados y discordias apaciguadas gracias a las oraciones que trajeron tanto bien! Y todo esto >>no son ayudas que se pueden dar a los padres, ayudas más eficaces que el poco dinero que se les pudiera suministrar? Además, creedlo: el Señor que premia un vaso de agua dado en su nombre, >>no va a premiar el sacrificio que ellos hacen y que tanto cuesta a su corazón? (La charla queda rota así en el original). Hasta después de la fiesta de María Auxiliadora, no tenemos más charlas. Aquel día se distribuyeron muchísimas comuniones a los fieles. Fue extraordinario también el número de fieles que pedía a don bosco la bendición de María Auxiliadora. A la hora de la misa solemne, fue tal la aglomeración de gente, que don Bosco despidió a la multitud con una bendición general. Cuando subió a sus habitaciones, se encontró en la antecámara con un grupo de respetables señoras, llegadas expresamente desde Milán para asistir a la fiesta. Con toda sencillez sacó de la faltriquera ante ellas, más de cincuenta limosnas en billetes ((**It11.244**)) de banco o joyas de valor, que le habían entregado aquella mañana por gracias obtenidas. Contó, además, un hecho que tenía algo de extraordinario. Cuatro días antes estaba muriéndose el conde Vialardi; fue a visitarlo y se dio cuenta de que era el caso de administrarle el viático. Entonces lo exhortó a confiar en María Auxiliadora, asegurándole que todavía seguiría con vida; y que acudiera a recibir la santa comunión en la iglesia de María Auxiliadora. Ninguno de la familia quiso dar crédito a la posibilidad del hecho. Pero aquella mañana el conde se presentó y recibió la sagrada comunión. Don Bosco mostraba la limosna que le había entregado en honor de María Auxiliadora. En el presbiterio del altar lucía una gran alfombra, confeccionada y regalada por unas damas de la nobleza de Florencia, que habían tejido en la parte superior de la orla esta inscripción: Mariae Auxiliatrici in suam suorumque tutelam Matronae Florentinae anno MDCCCLXXV. Redunda en honor de las donantes la carta, rebosando agradecimiento, que don Bosco les escribió como testimonio. No (**Es11.211**))
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