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((**Es9.714**) o sea la piedra invencible por el infierno (portae inferi non praevalebunt). Este es el argumento que León describe con nítida elocuencia en los aniversarios de su consagración, reclamando para sí la obligación de la vigilancia y para sus ntes el deber de la obediencia, cual se rinde a Pedro y a Cristo en sus sucesores. >>Por tanto (arguye él) la institución divina subsiste, y san Pedro, con la solidez de la piedra, no ha abandonado el timón de la Iglesia>>. Y luego: <>. <>. Monseñor Audisio estuvo oyendo atentamente al principio, pero, de pronto, intentó arrancar el libro de las manos de don Bosco. Advirtió que había caído en una graciosa trampa. Don Bosco siguió diciendo: -Observe la página tal, el capítulo cual... y vea si he leído bien. Y le presentó la Historia civil y religiosa de los Papas, escrita por el mismo monseñor Audisio. -Basta, basta, exclamó riendo Monseñor: basta... basta... dejémoslo ya. ((**It9.803**)) ->>Por qué? >>Acaso no es un autor apreciadísimo y autorizado: -Me la ha hecho buena. Usted emplea argumentos irrebatibles. Mas le advierto que ya no comparto algunas ideas aquí propugnadas; en cuanto a la infalibilidad, ahora pienso de otro modo. -No importa, añadió don Bosco; pero aquí las razones están bien expuestas. -Pero, >>cómo es posible, continuó monseñor Audisio, que don Bosco, en medio de tantos asuntos, haya visto también estas páginas mías? -Siempre tengo entre manos sus libros y los uso como libros de texto... Pero, como ve, usted manifiesta en sus escritos unos sentimientos muy distintos de los que ahora expresa. (**Es9.714**))
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