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((**Es9.522**) cuando los parientes vieron cumplidos sus deseos, mandaron decir a don Bosco: -Le ofrecemos las tres mil liras; pero, para don Bosco sólo mil; las otras dos mil queremos que se repartan entre el óbolo de san Pedro y tal obra de caridad. La enferma empeoró nuevamente. -Y íahora está muerta!, añadió el caballero Oreglia que se hallaba presente. Esta narración recordó otro hecho acaecido algún año antes. El amor al dinero está más arraigado en el corazón de los ricos que en el de los pobres. Una señora de ochenta años, riquísima, enferma, confortada ya con los Sacramentos, llena de miedo, al verse próxima a la muerte, mandó llamar a don Bosco, pidiéndole, con vivas instancias, la gracia de la curación. -Sí, contestó don Bosco, la Virgen le concederá la gracia, con tal de que esté usted dispuesta a hacer una limosna abundante para la iglesia, que se construye en su honor en Valdocco. ->>Y cuánto tengo que dar? -Lo que quiera; usted verá. Yo no puedo fijar la cantidad. Dé lo que, sin grave incomodidad, sea realmente proporcionado a sus bienes, y de manera que pueda llamarse sacrificio. -Indíquemelo usted. -Le repito lo que he dicho. Haga de modo que la Virgen conozca que usted hace un donativo con amor y desinterés. Comprenda que, en este estado, no habiendo ya nada que esperar de los hombres, todo se debe esperar de Dios. Considere la gravedad de su mal y su avanzada edad. ((**It9.579**)) Piense que, estando a punto de dejarlo todo para siempre, para conservarlo se puede sacrificar alguna cosa que tenga un valor no despreciable. -Pero yo no sé qué hacer por su iglesia. -Ya que quiere un consejo, le diré que podría encargarse de la construcción de un altar para las capillas laterales. ->>Y cuánto costaría este altar? -No sé decirle con precisión. De seis a ocho mil liras. ->>Ocho mil liras? Es demasiado; no puedo. -He dicho lo que me parecía, porque me lo ha preguntado. Yo no conozco su fortuna. Haga lo que pueda. Aunque no diera más que un centavo, si eso está de acuerdo con sus posibles, la Virgen le concederá la gracia. -Bueno, lo pensaré. Don Bosco salió de aquella casa, harto de tanta avaricia. Entre (**Es9.522**))
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