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((**Es9.452**) Don Bosco fue invitado por el mayordomo del Cardenal a subir a la primera de las carrozas. ->>Para quién son? -Para don Bosco y sus acompañantes. ->>Y qué necesidad hay de esto? -El cardenal Berardi lo ha querido así; y es más, pone una carroza a su disposición para todo el tiempo que esté en Roma. -Eso sí que no; don Bosco no está acostumbrado a tales lujos. -Pero permita al menos... -No, no; perdonadme... don Bosco va a pie. Le repugnaba entrar en Roma poco menos que en plan regio. Ante su resuelta respuesta, el mayordomo no osó insistir más y dijo: -Entonces oiga: Su Eminencia el Cardenal le rogaría tuviera la bondad de visitar lo antes posible a un sobrinito suyo, gravemente enfermo; desearía que le encomendase a María Auxiliadora, que le bendijera y le hiciera sanar. Don Bosco prometió que iría a ver al niño, pero en el momento en que se despedía, monseñor Manacorda le hizo observar que estaba cansado del viaje, que ((**It9.496**)) el Cardenal se disgustaría de que don Bosco no hubiera aceptado aquel acto de cortesía y, por tanto, le aconsejaba que usara la carroza por aquella vez. Don Bosco cedió al ruego de Monseñor y las dos carrozas de sus nobles amigos se dirigieron hacia la cercana iglesia de San Bernardo de las Termas, donde don Bosco celebró la santa misa. El padre Verda fue, en la tercera carroza, a hospedarse en el convento de su Orden. Mientras estaba el Siervo de Dios en el altar, entró en la iglesia un señor enviado por el caballero Felipe Berardi, el cual no había podido estar en la estación por negocios urgentes. Aquel señor rogó a monseñor Manacorda que dijera a don Bosco se dignase tener un memento por el enfermito que estaba a la muerte. Monseñor pasó enseguida el recado al Venerable quien escuchó, hizo señal de asentimiento con la cabeza y continuó, como siempre, absorto en Dios, la santa misa. El Procurador General de los monjes Cistercienses, el abad Bottino, contentísimo del honor que le había proporcionado el Venerable, celebró su buena suerte al poder ofrecerle un café. Desde San Bernardo acompañaron al Venerable a saludar al cardenal Vicario y después al domicilio del tipógrafo Pedro Marietti, donde había establecido fijar su residencia. (**Es9.452**))
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