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((**Es9.428**) Gobierno nuevos motines para proclamar rey al Duque de Madrid, don Carlos de Borbón y de Este. Numerosas bandas de guerrilleros empezaron a alistarse, pese a los arrestos, fusilamientos y decapitaciones. El ejército, cansado de acudir de una a otra parte para dominar las sediciones, se alborotaba; y en Cuba las tropas habían rehusado obediencia ((**It9.469**)) a los mandos. El desastre del edificio revolucionario era completo. El Gobierno Provisional, sintiéndose incapaz para restablecer el orden, promulgó una Constitución el 6 de junio de 1869, compuesta por las Cortes, en la que se establecía que el Gobierno de la Nación fuese monárquico constitucional. Dirigióse, después, a varios príncipes de familias extranjeras ofreciéndoles la difícil corona, pero todos la rechazaron. Entonces se presentó la candidatura del príncipe Leopoldo Hohenzollern-Sigmaringen, pariente del rey de Prusia y católico de religión. Autorizado por Guillermo I, el príncipe aceptó. Pero el emperador Napoleón declaró que no admitiría un príncipe extranjero en el trono de España, por ser un peligro para el honor y la dignidad de Francia, y el príncipe Leopoldo renunció. Quiso todavía Napoleón exigir que el Rey de Prusia declarase que ni entonces ni después permitiría a ninguno de su familia que aceptara la corona de España. El Rey se negó a tal pretensión, y el Emperador le declaró la guerra el 19 de julio de 1870. Los prusianos cruzaron la frontera con sus aliados de los Estados Germánicos y es ya bien conocida la terrible guerra que se armó, la caída del imperio francés, la proclamación de la república, la ayuda prestada por Garibaldi con sus voluntarios italianos. Los hechos dejaron atrás los horrores y estragos de la Comuna de París durante la revolución, y la marcha del ejército de Víctor Manuel en la conquista de Roma. En fin, por lo que toca a Italia, en 1888 se pueden recordar los hechos de Africa. El tercer azote, predicho por don Bosco fue el del hambre, y los periódicos de 1868 están plagados de dolorosas noticias y de la penuria que se dejó sentir en muchos municipios del sur de Italia por las escasas cosechas y la falta de trabajo. Sicilia, en especial, fue asolada por el hambre; jamás se había experimentado una miseria tan general y tan atroz. Millares de isleños sin pan. Por falta de alimentos, veíase a los desgraciados ir en tropel por campos y barrancos ((**It9.470**)) arrancando raíces y hierbas para engañar el hambre y calmar los tormentos del estómago, a causa de los cuales muchos enfermaban y morían. (**Es9.428**))
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