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((**Es9.181**) Yo no me explicaba cómo por ciertas cosas, a las que nuestros jóvenes daban tan poca importancia, tuviesen aparejados castigos tan terribles. Pero el amigo interrumpió mis reflexiones, diciéndome: -Recuerda lo que se te dijo cuando contemplabas aquellos racimos de la vid echados a perder. Y levantó otro velo que ocultaba a muchos otros de nuestros jóvenes, a los que conocí inmediatamente y que están en el Oratorio. Sobre aquel velo estaba escrito: Radix omnium malorum (Raíz de todos los males). E inmediatamente me preguntó: ->>Sabés qué significa esto? >>Cuál es el pecado designado con esta inscripción? -Me parece que debe ser la soberbia. -No, me respondió. -Pues yo siempre he oído decir que la soberbia es la raíz de todos los pecados. -Sí; en general se dice que es la soberbia; pero en particular, >>sabes qué fue lo que hizo caer a Adán y Eva en el primer pecado, por el que fueron arrojados del Paraíso terrenal? -La desobediencia. -Cierto; la desobediencia es la raíz de todos los males. ->>Qué debo decir a mis jóvenes sobre esto? -Presta atención. Esos jóvenes que ves aquí, son los desobedientes que se están preparando un fin tan lastimoso. Esos tales y esos cuales que tú crees se han ido a descansar y, en cambio, de noche se bajan a pasear por el patio, sin preocuparse de las prohibiciones del reglamento; van a lugares peligrosos, suben por los andamios de las obras en construcción poniendo en peligro incluso la propia vida. Algunos, pese a las normas de los reglamentos, van a la iglesia, pero no están en ella como deben; en vez de rezar, están pensando en otras cosas y se entretienen en fabricar castillos en el aire; otros estorban a los demás. Hay quienes sólo se preocupan de apoyarse y buscar una posición cómoda para poder dormir durante el tiempo de las ((**It9.180**)) funciones sagradas; otros, tú crees que van a la iglesia y, en cambio, no aparecen por ella. íAy del que descuida la oración! íEl que no reza se condena! Hay aquí algunos que, en vez de cantar las divinas alabanzas y el oficio de la Virgen María, se entretienen en leer libros nada piadosos y otros, cosa verdaderamente vergonzosa, hasta leen libros prohibidos. Y siguió enumerando otras faltas contra el reglamento, origen de graves desórdenes. Cuando hubo terminado, le miré conmovido a la cara; él clavó sus ojos en mí y yo le dije: ->>Puedo referir todas estas cosas a mis muchachos? -Sí, puedes decirles cuanto recuerdes. ->>Y qué consejo he de darles para que no les sucedan tan grandes desgracias? -Debes insistir en que la obediencia a Dios, a la Iglesia, a los padres y a los superiores, aún en las cosas pequeñas, los salvará. ->>Y qué más? -Les dirás que eviten el ocio, que fue el origen del pecado de David: incúlcales que estén siempre ocupados, pues así el demonio no tendrá tiempo para tentarlos. Incliné la cabeza y se lo prometí. Me encontraba tan turbado que dije al amigo: -Te agradezco la caridad que has tenido conmigo y te ruego que me hagas salir de aquí. (**Es9.181**))
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