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((**Es8.587**) Antes de partir de Roma, quiso celebrar por devoción una misa en la capilla de san Estanislao de Kostka en el Quirinal, en el Noviciado de los PP. Jesuitas. Las señoras no podían entrar, ya que era clausura, mas la princesa Odescalchi fue a pedir permiso al Cardenal Vicario para que aquel día pudieran entrar las mujeres, y el permiso fue concedido. Después de una numerosa comunión, don Bosco dio su acostumbrada platiquita. El padre Angelini, que le oyó, decía: -íCuánta unción y cuántas verdades en pocas palabras! íNuestro padre san Ignacio no habría hablado de otro modo! Pero lo que más agradaba a los romanos cuando predicaba don Bosco era la áurea sencillez de sus razonamientos adaptados a todas las inteligencias. Había pocos oradores sagrados populares; además no era costumbre en las iglesias públicas y parroquiales de Roma la predicación dominical ordinaria y catequística, prescrita por el Concilio de Trento. Fue invitado a celebrar en San Roque y don Bosco se volvió al llegar la comunión para decir unas palabras a los fieles. El órgano le interrumpió. Hizo señas al sacristán que le servía la misa, indicándole que quería decir dos palabras... -íNo se predica!, le respondió. Y siguió tocando el órgano. Creyó don Bosco al principio que sonaba el órgano por equivocación, mientras era adrede para impedir que predicase. Entonces insistió; y el sacristán replicó enérgicamente: -íSólo fue invitado para celebrar la misa! íY no se predica! ((**It8.691**)) Don Bosco agachó la cabeza y empezó a distribuir la comunión. No hay que extrañarse, pues, de que al volver a visitar al Papa, como éste le preguntase qué había visto en Roma que le pareciere había que corregir, respondiese que había quedado pasmado de que los domingos no se predicase ni se enseñara el catecismo. -En el Piamonte, añadió, un párroco no cree haber cumplido su deber si no explica el Evangelio, instruye a los adultos y enseña el catecismo a los muchachos, todos los domingos. Pío IX, que tenía distinta información, no quería creer en aquella falta de predicación y dijo: -Comprobad con vuestros propios ojos y no hagáis caso de lo que os digan. Comprobadlo y dadme cuenta. -Sí, Padre Santo, ílo haré! Efectivamente. Un domingo después de comer salió de casa con don Juan Bautista Francesia; fueron de iglesia en iglesia, hasta las (**Es8.587**))
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