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((**Es8.237**) Sigamos los ejemplos de la Beata con una vida virtuosa, que nos hará felices en el tiempo y en la eternidad. JUAN BOSCO, Pbro. El Venerable escribió este libro a saltos, entre viajes y otras mil ocupaciones. Muchos visitantes, cuando no le encontraban en el Oratorio, enterados de que solía retirarse algunas horas del día a la Residencia Sacerdotal de San Francisco de Asís, habían comenzado a ir allí en su busca. Así que, para tener un poco de tiempo libre, le tocó buscar otro refugio y lo vino a encontrar en casa de algunos bienhechores y amigos suyos. Ponían éstos una habitación a su disposición con recado de escribir. Y don Bosco iba hoy a una, mañana a otra, y se encerraba tranquilo en la pieza que le asignaban. Una de las casas más frecuentadas por él era la de Brosio, el bersagliere, que tanto le había ayudado en los años difíciles del Oratorio de Valdocco. Este señor, que sobrevivió al Siervo de Dios y de cuya plena confianza gozó, solía decir: -Don Bosco fue un gran hombre; fue un gran santo; y, ífue un gran amigo mio! Brosio, interrogado por don Juan Bonetti, respondió así por escrito: ((**It8.271**)) <>-íLevántate! >>Yo, que en aquel momento no pensaba en lo que don Bosco iba a hacer, le dije: >>-No puede levantarse, está enferma. >>-Pues bien, replicó don Bosco, íla mandaremos al paraíso! >>Dicho esto le dió su bendición y recitó una plegaria. <>->>No has visto que don Bosco quería curarla? >>Efectivamente, don Bosco ya sabía que la muchacha estaba enferma hacía mucho tiempo; y >>por qué tomarla la mano y decirle (**Es8.237**))
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