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((**Es8.178**) ocular de la curación de un párroco, que hacía catorce años no podía moverse sin ayuda de dos muletas, y que le obtuvo del Señor sobrenaturalmente la gracia instantánea de caminar sin las muletas, que dejó en la misma sala donde se operó la curación; y se marchó por la tarde sin necesidad de apoyo alguno. Ayer me comunicó que desde aquel día ha celebrado diariamente la santa misa y que el domingo la cantó (después de catorce años), asistió a la procesión y dio la bendición con una afluencia extraordinaria de pueblo. Siento también que no pueda venir antes de mediados de este mes, porque el buen siervo de Dios Luis Cogrosso se marchará de aquí el diez de los corrientes. No dudo que, si le es posible, se valdrá de esta oportunidad. Mientras tanto debo anticiparle que todas las indagaciones que hice para el profesor de Retórica, fueron inútiles. Espero todavía tener otra entrevista, pero con poca o ninguna esperanza. Ruégole, pues, encarecidamente me saque de este enredo, como me prometió, y haga de forma que para el 1.° de noviembre, si para el 15 del corriente mes no le he participado que ya he provisto de otro modo, me lo pueda mandar en compañía del clérigo Vittone, profesor de gramática. Confio en que, antes de dicha fecha, tendré el placer de abrazarle en este obispado. Mientras tanto, con el mayor aprecio y afecto, etc. >> F. MODESTO, Obispo En el Oratorio estaban todos extrañados al ver cómo don Bosco se alejaba aquel año con tanta frecuencia y hacía continuos y rápidos viajes, cosa nunca vista hasta entonces. Se trataba de la iglesia de María Auxiliadora; pero maravillaba ver que no perdía la calma y el buen humor, pese al cansancio, la fatiga, la contradicción y la opresión de cruces pasadas. Bromeaba con gusto. Hacía tiempo que había concedido títulos nobiliarios con sus correspondientes feudos, a sus más antiguos colaboradores. Los feudos eran pequeñas parcelas de terreno ((**It8.199**)) algunas incultas o sabulosas pertenecientes a su familia de Morialdo. Así estaban: el conde de I Becchi, el humilde caserío de la aldea donde él nació; el marqués de Valcappone; el barón de Baccajao y el Comendador... de no sé qué encomienda. Con estos títulos solía llamar a Rossi, Gastini, Enría, Pelazza y Buzzetti, no sólo en casa, sino fuera también, especialmente cuando viajaba con alguno de ellos en tiempo de vacaciones. Estos, vestidos con decorosa sencillez, eran felices y representaban maravillosamente su papel. Con desenvoltura y desparpajo bromeaban llamándose por sus títulos respectivos, haciendo alusión a posesiones, quintas de recreo y relaciones que sólo estaban en el reino de la luna. A veces el que viajaba con ellos en el mismo vagón quedaba maravillado de encontrarse con personas tan conspicuas. Otras veces, al llegar a las (**Es8.178**))
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