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((**Es7.573**) Sea esta la flor para mañana. Pensad en ello por algunos momentos en la iglesia, después de la meditación, o sea, de la lectura. <<14 de junio. Don Bosco anunció el ejercicio de la buena muerte y dijo después: ((**It7.676**)) -Tenéis muchos motivos para hacerlo bien: para obtener del Señor la salud, la ayuda para salir felizmente en los exámenes... y además... porque uno de vosotros no volverá a repetirlo. Quién será? íSeré yo, o será alguno de vosotros! Lo cierto es que se trata de uno de casa. Tal vez vosotros penséis: -íQuién puede saberlo! Yo os lo podría revelar, pero sólo os digo que, a su debido tiempo, lo sabréis y entonces diréis: -íNo creía yo que tuviese que morir aquél! >>El 15 de junio, después de haber confesado muchas horas, tanto por la mañana como por la tarde después de comer, hablaba así don Bosco a los muchachos: -Anteayer os dejé un pensamiento para meditar, que debería serviros para toda la vida. Ah, si considerásemos que tenemos una sola alma y que, perdida ésta, queda perdida para siempre, sería posible que un joven tuviese el pecado en su conciencia? Yo sé que, en general, los jóvenes reflexionan poco; a veces cometen el mal con una ligereza inconcebible y hasta duermen con él durante mucho tiempo, con un horrible monstruo que podría despedazaros de un momento a otro. Pero cuál será el despertador que nos recuerde a cada instante este gran pensamiento del alma? íHe aquí otra idea: ese despertador es la muerte! Vendrá tiempo en que debo morir: Será pronto? Será tarde? Será breve o será largo? Será este año, este mes, hoy, esta noche? Y en tanto, qué será de esta alma en aquella hora faltal? Si la pierdo, quedará perdida para siempre. Mañana haremos este ejercicio espiritual, que se llama ejercicio de la buena muerte. Tenemos muchos motivos para realizarlo bien. El mes pasado no pudimos hacerlo y, por tanto, conviene que en éste pongamos más empeño. Estamos en la novena de Nuestra Señora de la Consolación; por consiguiente debemos procurarnos su patrocinio siendo todos amigos de Dios. Necesitamos las gracias del Señor, a fin de que él nos conceda salud, inteligencia y nos ayude también a salir bien de los exámenes. Si queremos estos favores, recurramos a María; mas, para que ella interceda, es preciso que nos mostremos sus verdaderos hijos, odiando el pecado y teniéndolo lejos de nosotros. Ella entonces será generosa con nosotros regalándonos dones temporales y espirituales, será nuestra guía, nuestra maestra, nuestra madre. Todos los bienes del Señor nos vienen por mediación de María. Santa María Magdalena de Pazzi contempló a todos los devotos de la Virgen n una barquilla que tenía por piloto a la reina de los ángeles. Soplaba el viento, se agitaba el mar, pero la nave bogaba tranquila y segura. Un santo tuvo una visión. Vio dos escalas que, partiendo de la tierra, llegaban a tocar el cielo; una era roja, y la otra blanca. En lo alto de la primera estaba Jesucristo (**Es7.573**))
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