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((**Es7.469**) a don Bosco, con quien mantenía correspondencia epistolar hacía tiempo: visitó la casa y se entretuvo durante largo tiempo con los muchachos que se agolpaban para besar su mano. El teólogo Santiago Margotti, valiente y docto defensor del Papa y de la Iglesia, que hacía dos meses había dejado de escribir en Armonía, fundaba La Unidad Católica y notificaba a don Bosco que ponía a su servicio la propia pluma y el periódico. La Unidad comenzó a publicarse el 1 de noviembre. Por aquellos mismos días uníase a don Bosco un nuevo colaborador, no tanto para estar con él en el Oratorio, cuanto para inducirle a abrir un colegio en su patria. Era el abogado sacerdote Ignacio Arr_-Carroccio, de Lanzo, el cual podía cosechar una mies abundante de almas con la palabra viva y ardiente que salía impetuosa de su pecho. Los efectos que ella producía en el pueblo pueden comprobarse por la misión que juntamente con el canónigo Gastaldi dió en la catedral de Asti. Según los más viejos del país jamás se había visto un espectáculo semejante, realizado por la mágica, franca y animada palabra de este sacerdote. ((**It7.550**)) Mientras tanto don Domingo Ruffino reanudaba la crónica él solo, porque don José Bonetti, destinado a Mirabello, había dejado de tomar sus notas. No obstante quedaron muchos otros testimonios que le suplieron. <>. <>-No sé si a causa del recuerdo de la fiesta de Todos los Santos y de la conmemoración de los difuntos, lo cierto es que la noche pasada soñé que había muerto un joven y que yo lo acompañé hasta la sepultura. No quiero decir que esto sea señal de que alguno de vosotros deba morir; pero ya tuve varios sueños de éstos y casualmente siempre se cumplieron>>. <>-Acostumbramos a hacer un poco de bien preparando un tesoro de plegarias por aquél de nosotros que ha de ser el primero en morir. También hoy debemos hacerlo. No quiero decir que vaya a suceder muy pronto que pase a la eternidad aquél a quien servirá este depósito espiritual, pero muy tarde tampoco. Por eso, preparémosle a éste un capital que le produzca gran fruto. El que permanezca (**Es7.469**))
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