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((**Es7.244**) sacerdotes, que iba a su lado, le dijo: -No miremos, no respondamos. No nos conviene pararnos. Finalmente se oían los sones de la banda a la entrada de Calliano. El párroco, doctor José Sereno con su coadjutor, salió al encuentro de don Bosco, quien aquella misma mañana le había enviado un mensaje rogándole buscara el pan necesario para los que le acompañaban. El párroco ofrecióle cordialmente su nueva casa parroquial, cuya construcción se había terminado aquel año, para alojar a los muchachos. Hizo preparar allí en un momento mesas y sillas para comer. Y presentó un verdadero banquete con una buena menestra. Pero quiso que don Bosco fuera a comer con él en la casa vieja. El siervo de Dios deseaba partir ((**It7.280**)) poco después, pero aquel excelente sacerdote no se lo permitió. Así que, por la tarde, se impartió la bendición solemne con cantos ejecutados por coro y orquesta; y, a las nueve, se dio una función teatral para toda la población en un patio iluminado con antorchas y lámparas de aceite. Los muchachos del pueblo particularmente pasaron una velada inolvidable. Mientras tanto, el párroco preparaba en la casa nueva el dormitorio con una gran cantidad de paja. A la mañana siguiente, 9 y jueves, los muchachos del Oratorio ofrecieron al pueblo un espectáculo edificante en la iglesia, oyendo devotamente la santa misa y comulgando en gran número. A las diez partieron y, hacia las doce, junto a la aldea de San Desiderio, se encontraron los jóvenes con un compañero suyo que estaba de vacaciones. Se oyó por todas partes: -Accomasso, Accomasso... Y aquél, abriéndose paso entre sus compañeros que lo aplaudían, llegó ante don Bosco, besó su mano e invitóle en nombre de sus padres a entrar un momento en su casa, mostrándose muy satisfecho de tener consigo a don Bosco. Había él además preparado para sus amigos una buena merienda al aire libre. Reemprendida la marcha, pasaron por Grana y se dirigieron hacia Montemagno, para visitar al marqués Domingo de Fassati y a la señora Marquesa. Mientras la comitiva se acercaba a la población un muchacho de unos doce años, lleno de vida, y de familia acomodada, estaba en aquel momento jugando en un valle con otros compañeros, junto a la ermita de Nuestra Señora de Valino. De repente oyó el redoble del tambor y a continuación el tañido de las trompas. -Qué es esto?, exclamó. íVamos a ver! Y sin más, dejando en el prado el sombrero, los zapatos, y la chaqueta, (**Es7.244**))
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