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((**Es6.709**) corrió a sus queridos muchachos, que dormían en el piso superior, y los encomendó a la bienaventurada Virgen María. Llegaron Rossi y Reano temblando de miedo de que don Bosco hubiese sufrido algún daño, pero cuando estuvieron junto a su cama, él los miró sonriendo y les dijo con toda tranquilidad y calma: -Mirad a ver qué hay en medio de la habitación. El había oído un gran ruido, y quería saber el motivo. Reano vio cinco o seis ladrillos negros por el hollín, que habían caído con extraño ímpetu de la chimenea. Entonces él, después de contar brevemente a los dos jóvenes lo que le había sucedido, añadió con su acostumbrada jovialidad: -íUn rayo mal educado! Sin pedir permiso ha entrado en mi cuarto, lo ha revuelto todo, ha echado la cama a un lado y a mí al otro. Habrá que ponerlo a comer en la mesa de los castigados; verdad, Rossi? íHoy lo pondrás a pan y agua y nada más! Mientras esto sucedía en la habitación de don Bosco, en el dormitorio superior de los aprendices había un enorme y doloroso desbarajuste. El rayo, al caer sobre el remate de la fachada al sur del dormitorio, había derribado y lanzado al patio dos chimeneas. Sufrió desperfectos una parte del tejado, que dejaba ver el cielo por algunos agujeros, y cayeron sobre las camas tejas, ladrillos y cascotes. Es imposible describir la consternación general. Unos lloraban, otros se quejaban, quién invocaba a la Virgen, quién llamaba a don Bosco, éste huía, aquél tropezaba y caía, aquello parecía el fin del mundo. Al estruendo y alboroto, el clérigo Juan Bonetti saltó de la cama aterrorizado, encendió la luz que se había apagado ((**It6.940**)) comenzó a pasar de una a otra cama para prestar los primeros auxilios. Y en cuanto vio a algunos cubiertos de escombros y a otro, Julio Perroncini, que parecía muerto, mandó en seguida al aprendiz Santiago Ballario a informar a don Bosco del siniestro y pedirle asistencia y ayuda. <<-Y don Bosco?, pregunta José Reano en el manuscrito que entregó a don Juan Bonetti. >>Don Bosco no había acabado de hablar conmigo y con Rossi, cuando llamaron con furia a la puerta. Abrí y se me presentó el joven Ballario, que jadeaba y apenas si podía hablar: >>-Reano, me dijo, por favor, avise en seguida a don Bosco para que venga corriendo a nuestro dormitorio; ha caído un rayo... se ha desplomado el techo sobre los muchachos y muchos han muerto. >>Al oír don Bosco confusamente las palabras del joven, volvió a llamarme y me preguntó qué había sucedido. Al enterarse exclamó con un acento que destrozaba el corazón: (**Es6.709**))
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