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((**Es6.660**) contemplarlos. En especial, los manzanos, íqué deliciosa apariencia tenían! Un joven corrió inmediatamente y cortó de una rama una hermosa fruta de apariencia fragante y madura, mas apenas le hubo clavado los dientes, la arrojó indignado lejos de sí. Estaba llena de tierra y de arena y al gustarla sintió deseos de vomitar. -Pero, qué es esto? -nos preguntamos. Uno de nuestros jóvenes, cuyo nombre no recuerdo, nos dijo: -Esto significa la belleza y la bondad aparente del mundo. íTodo en él es insípido, engañoso! Mientras estábamos pensando adónde nos conduciría nuestro sendero, nos dimos cuenta de que el camino que llevábamos descendía casi insensiblemente. Entonces un jovencito observó: -Por aquí vamos bajando cada vez más; me parece que no vamos bien. -Ya veremos -le respondí. Y seguidamente apareció una muchedumbre incalculable que corría por aquel mismo camino que llevábamos nosotros. Unos iban en coche, otros a caballo, otros a pie. Algunos saltaban, brincaban, cantaban y danzaban al son de la música y al compás de los tambores. El ruido y la algarabía eran ensordecedores. -Vamos a detenernos un poco -nos dijimos- y observemos a esta gente antes de proseguir en su compañía. Entonces un joven descubrió en medio de aquella multitud ((**It6.874**)) a algunos que parecían dirigir a cada una de las comparsas. Eran individuos de agradable apariencia, vestidos de una manera elegante, pero por debajo del sombrero asomaban los cuernos. Aquella llanura, pues, era el mundo pervertido dirigido por el maligno. Est via quae videtur recta, et novissima ejus ducunt ad mortem. (Es un camino que al hombre parece recto, pero sus postrinerías conducen a la muerte)1. De pronto UNO nos dijo: -Mirad cómo los hombres van a parar al infierno casi sin darse cuenta de ello. Después de haber contemplado esto y de oír estas palabras, llamé a los jóvenes que iban delante de mí, los cuales vinieron a mi encuentro corriendo y gritando. -íNosotros no queremos seguir por ahí! Y seguidamente volvieron precipitadamente hacia atrás deshaciendo el camino recorrido y dejándome solo. -Sí, tenéis razón -les dije cuando me uní a ellos-; huyamos pronto de aquí; volvamos atrás; de otra manera, sin darnos cuenta, iremos también a parar al infierno. Quisimos, pues, volver a la plaza de la que habíamos partido y seguir el sendero que nos conduciría a la montaña del Paraíso; pero cuál no sería nuestra sorpresa cuando, tras un largo caminar, nos encontramos en un prado. Nos volvimos a una y otra parte sin lograr orientarnos. Algunos decían: -Hemos equivocado el camino. Otros gritaban: -No; no nos hemos equivocado: el camino es éste. Mientras los jóvenes discutían entre sí y cada uno quería mantener el propio parecer, yo me desperté. Esta es la segunda parte del sueño correspondiente a la segunda noche. Mas, antes de que os retiréis, escuchad. No quiero que deis importancia a mi sueño, pero 1 Proverbios XVI, 25. (**Es6.660**))
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