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((**Es6.65**) después de la comida, examinando el libro de lectura. Eran tenidos por buenos; mas he aquí que se oía la amable voz de don Bosco que los llamaba. Otros se habían alejado de los demás para tratar un proyecto, preparar una merienda o algún juego con dinero, y llegaba de improviso don Bosco: -Qué hacéis aquí? Id a jugar con vuestros compañeros. Se paseaba un alumno teniendo de la mano a un compañero o echándole un brazo a la espalda. Don Bosco se les acercaba y bromeando les daba un golpe en el brazo o en los dedos, diciendo: -No sabéis la norma de no ponerse las manos encima? Juegos de manos, juegos de villanos. Vio un día a un muchacho en el patio que llevaba su brazo cruzado con el de un asistente, el cual le dejó hacer. Don Bosco aguardó a que aquel clérigo estuviera solo y, llamándolo, le dijo: -íHoy me sentí tentado de darte un par de bofetadas en público! Has entendido? -íSí, señor! -Con esto me basta; pero ten cuidado. En este punto don Bosco era delicadísimo. ((**It6.72**)) En muchas ocasiones su vigilancia era inexplicable, y parecía que gozara de una potencia visiva especial, de la que daremos más adelante mayores explicaciones. Muchas veces, mientras escribía atentamente, rezaba en la iglesia, se entretenía con los chicos, o aun mientras comía, llamaba de pronto a uno de sus antiguos ayudantes y le decía en secreto: -Vete a tal dependencia; allí hay tres (y decía sus nombres) que, a puerta cerrada, están leyendo un periódico no muy bueno; diles que salgan enseguida. Una vez dijo a un alumno juicioso: -Ve corriendo a decir al asistente que en tal lugar, detrás del pórtico, hay unos escondidos; que los mande salir fuera. Y otras veces a algún clérigo: -Sube a lo alto de la escalera, encontrarás a fulano y a zutano. Diles que don Bosco lo sabe todo. Estos hechos se repitieron frecuentemente y siempre se comprobó que don Bosco había acertado lugares, personas y circunstancias. Pero, de cualquier modo que cumpliera el oficio del Angel Custodio, imitaba la paciente y discreta conducta de este divino mensajero. Como sus apariciones tenían visos de los pretextos más naturales del mundo, debido también a su bondad y sencillez, a sus continuas(**Es6.65**))
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