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((**Es6.535**) Aquello representaba a los que están en pecado mortal. Dicen los Proverbios en el Capítulo 1: <>.1 Mas a medida que las mesas subían, los jóvenes se mostraban más alegres y comían un pan de mejor calidad. Eran los comensales hermosísimos; dotados de una belleza cada vez más esplendorosa. Las riquísimas mesas a las cuales se sentaban, estaban cubiertas de manteles raramente trabajados, sobre los cuales brillaban candeleros, ánforas, tazas, floreros de un valor indescriptible, platos con viandas exquisitas, objetos de un precio inestimable. El número de estos jóvenes era crecidísimo. Finalmente, las últimas mesas colocadas en lo más alto, tenían un pan que no sabría describir. Parecía amarillo... rojo... y el mismo color del pan era el de los vestidos y el de la cara de los jóvenes que resplandecía circundada de una luz suavísima. Estos gozaban de una alegría extraordinaria y cada uno procuraba hacer partícipe de su gozo al compañero. Por su belleza, luminosidad y esplendor superaban en mucho a cuantos ocupaban puestos inferiores. Esto representaba el estado de inocencia. De los inocentes y de los convertidos afirma el Espíritu Santo en el Capítulo I de los Proverbios: <>. Pero lo más sorprendente es que reconocía a todos aquellos jóvenes, desde el primero hasta el último, de forma que al ver a cada uno de ellos me parece contemplarlo allá sentado en su sitio en la mesa que le correspondía. Mientras no podía ocultar mi maravilla ante tal espectáculo, imposible de comprender, vi a un hombre allá a lo lejos. Corrí a hacerle algunas preguntas, pero tropecé con algo y me desperté, encontrándome en el lecho. Vosotros me habéis pedido que os contase un sueño y yo os he complacido, pero al mismo tiempo os recomiendo que no le hagáis más caso que el que los sueños se merecen. Al día siguiente, don Bosco indicó a cada uno el lugar que ocupaba en las mesas. Para manifestar el orden que cada cual tenía, comenzaba por la mesa ((**It6.710**)) más alta bajando hasta la inferior. Se le preguntó si uno podía subir de una mesa inferior a otra superior. Respondió que sí, menos a aquella que estaba por encima de todas, pues los que descendían de ella no podían volver a ocupar más aquel lugar de privilegio. Era el puesto reservado a los que conservaban la inocencia bautismal. El número de los tales era tan exiguo como grande el de los segundos y terceros. 1 Dice así, a la letra, el texto sagrado, según LA BIBLIA DE JERUSALEN que seguimos para todas las citas de la Sagrada Escritura: <>. (N. del T.) (**Es6.535**))
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