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((**Es6.503**) serio y respetuoso, le acompañó hasta las escaleras. Los ordenanzas, al ver el acto de cortesía de su jefe con don Bosco, apenas se retiró a su despacho, empezaron a hacer reverencias al pobre cura, lo rodearon, algunos le besaron la mano y hubo quien lo acompañó hasta la misma puerta. Don Bosco volvió al Oratorio con don Angel Savio. Eran las ocho de la noche, y aún no había comido. Pero antes de ir a descansar, abrió la cartas llegadas aquel día y se encontró con unas ((**It6.669**)) líneas del caballero Salino en favor del huérfano Alberto Tasso, de Oneglia, y con el número de orden dos mil noventa y uno y fecha del 13 de julio. El día 10 ya había recibido otras dos en favor de los huérfanos de padre, Reydet y Penchienatti, recomendados por el dicho caballero en nombre del Ministro, con los respectivos números de protocolo dos mil treinta y nueve y dos mil cuarenta y cuatro. En una de éstas, lo mismo que en otras anteriores, leíase expresado en distintos modos lo siguiente: <>. Tomó nota don Bosco para la admisión, aunque no le parecía que su condescendencia pudiera alejar el peligro que le amenazaba. Sin duda que aquella tarde el siervo de Dios debió de elevar más de una vez al Señor con todo fervor el ruego que Ester dirigió al Rey Asuero: Si inveni gratiam in oculis tuis, o Rex, et si tibi placet, dona mihi populum meum pro quo obsecro. (Si he hallado gracia a tus ojos, oh rey, y si al rey le place, concédeme la vida de mi pueblo: esta es mi petición).' 1 Ester, VII, 3. (**Es6.503**))
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