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((**Es6.455**) ellas colegiales y chicos del pueblo; tenían habilitadas las salas de una parte del mismo Seminario. Los profesores, pagados por el Ayuntamiento, dependían de él. Además, el clero de Giaveno se había entrometido siempre en los asuntos del Colegio con perjuicio para la disciplina, pues el Vicerrector tenía las manos atadas y había de condescender con las exigencias de aquellos señores. Esta era una de las causas por las que el Seminario se encontraba en mala situación. También había hecho sentir su nefasta influencia la triste condición de los tiempos. Podíase comparar aquel colegio con un Lázaro muerto de cuatro días, y estaba tan desacreditado ante la opinión pública que nadie quería colocar en él a sus hijos. No había ninguna esperanza de poder aumentar el número de los alumnos para el año siguiente. Esta es la auténtica relación que nos dio uno de los profesores que hubo por aquellos años en el Seminario. ((**It6.605**)) Los superiores eclesiásticos pensaban cerrarlo para no tener que pagar a profesores destinados a dar clase en escuelas sin alumnos. Pero, antes de llevar a efecto esta determinación, el canónigo Vogliotti, Provicario y Rector del Seminario metropolitano, fue a suplicar a don Bosco que buscase una solución para volver a dar vida a aquel pobre colegio. Sólo le pedía un sacerdote idóneo como Director y un clérigo hábil para la asistencia. Don Bosco pidió tiempo para reflexionar, pues andaba en tratos con los de Cavour; y fue a hablar del asunto con don José Cafasso, el cual dudó en sugerirle ninguna determinación, pues tal vez conocía ciertas intrigas, que no eran desconocidas a don Bosco. Preguntóle: -A quién enviaría usted a Giaveno como Director? -Como yo no tengo, respondió don Bosco, sacerdotes disponibles en el Oratorio, he pensado enviar al sacerdote diocesano fulano, amigo mío, uno de los que en el Seminario de Chieri estaban siempre conmigo. Es piadoso, docto e intachable en punto a moralidad. -íNo le sirve! -replicó don Cafasso, que no erraba al juzgar a las personas-.íEs demasiado fogoso y de mal genio! El Ayuntamiento, que preveía el cierre y liquidación del Seminario, estaba a la espera, pues deseaba adueñarse de él para instalar mejor las escuelas municipales, carentes de locales aptos y decorosos. Era su derecho, según se afirmaba, en el caso de cesar el fin principal para el que estaba destinado aquel edificio. La dirección del Seminario, informada de estos planes, pasaba grandes angustias al ver que el peligro de perder aquel magnífico edificio era inminente. Pero el alcalde de Giaveno, José Schioppo, tenía miras aún más (**Es6.455**))
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