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((**Es6.234**) Después de la inauguración del curso escolar, el primer acto solemne de don Bosco fue dar al Sumo Pontífice una prueba del ardiente afecto que le profesaba el Oratorio de Valdocco y la parte que tomaba en su dolor por las revueltas, la irreligión, la corrupción de costumbres y la persecución del clero, introducidas oficialmente en la Romaña. Para esto, el nueve de noviembre, en nombre propio y en el de sus muchachos, escribía al papa Pío IX una carta respetuosa, en la que expresaba sus sentimientos de pésame por los sucesos acaecidos y que seguían acaeciendo con daño para la religión y la Santa Sede; y al mismo tiempo exponía lo que hacían los buenos para poner un dique a la avalancha de males que por doquiera lo invadían todo. Terminaba prometiendo que sus alumnos acudían continuamente al trono de la gracia para obtenerle el auxilio de Dios en medio de tantas angustias. Hízola firmar a todos sus muchachos y la envió por manos seguras. Pero en aquellos días, asegura el padre Ruffino, don Bosco parecía preocupado. Habíales contado haber visto en sueños a un hombre de gran talla dando vueltas por las calles de Turín y tocando con dos dedos en la cara a unos y a otros ciudadanos. Los tocados se ponían negros y caían muertos. Era acaso el anuncio de una epidemia mortal? ((**It6.301**)) Seguía el buen padre dando cada noche su platiquita a la comunidad. Un viejo amigo de aquellos tiempos nos contaba: <>Veía el estado de alma en que cada uno se hallaba a los ojos de Dios. >>Cuando he aquí que penetró en el patio un hombre que llevaba una cajita. Se metió entre los muchachos. Llegó la hora de las confesiones, y el hombre aquel abrió la cajita, sacó una marmotita y la hacía bailar. Los muchachos, en vez de entrar en la iglesia, formaron corro a su alrededor, riendo y aplaudiendo sus muecas, mientras el tal se iba retirando cada vez más hacia el lado del patio más alejado de la iglesia. >>Don Bosco describió en primer término, sin nombrar a nadie, el estado de la conciencia de algunos jóvenes; después puso de relieve los esfuerzos e insidias empleadas por el demonio para distraerlos y apartarlos de la confesión. (**Es6.234**))
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