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((**Es6.20**) 2. Cuando adviertas que eres tentado, ponte enseguida a hacer algo. La ociosidad y la modestia no pueden vivir juntas. Por eso, evitando el ocio, vencerás también las tentaciones contra esta virtud. 3. Besa a menudo la medalla o el crucifijo, santíguate con viva fe, diciendo: Jesús, José y María, ayudadme a salvar el alma mía. Estos son los tres nombres más terribles y formidables para el demonio. 4. Y, si el peligro persiste, acude a María con la oración que nos propone la Santa Iglesia, a saber: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores. 5. Además de no alimentar con manjares delicados el cuerpo, además de la guarda de los sentidos, especialmente de los ojos, guárdate también de toda clase de malas lecturas. Más aún, si algunas cosas indiferentes fueran para ti ocasión de peligro, déjalas enseguida; lee con gusto libros buenos y con preferencia los que hablan de las glorias de María y del Santísimo Sacramento. 6. Apártate de los malos compañeros, elige por el contrario compañeros buenos, es decir, aquéllos que, por su buena conducta, merecen las alabanzas de tus superiores. Habla con ellos, ((**It6.9**)) toma parte en sus juegos, pero procura imitarlos en su manera de hablar, en el cumplimiento de los deberes y sobre todo en las práticas de piedad. 7 . Confiésate y comulga con la frecuencia que te lo consienta el confesor; y, si lo permiten tus ocupaciones, visita a menudo a Jesús Sacramentado. Don Bosco daba continuamente estos consejos en público y en privado, de viva voz y por escrito, y añadía: -Tal vez diga alguno que estas prácticas piadosas son demasiado vulgares. Pero yo advierto que así como el brillo de la virtud de que hablamos puede empañarse y perderse al más ligero soplo de tentación, así también debe estimarse en mucho cualquier cosa por pequeña que sea, que contribuya a conservarla. Por eso yo aconsejaría una cuidadosa vigilancia para proponer cosas fáciles, que no asusten, ni cansen a los fieles cristianos, sobre todo si son jóvenes. Los ayunos, las oraciones prolongadas y otras rígidas austeridades suelen dejarse o se hacen de mala gana y con negligencia. Atengámonos a lo fácil, pero hagámoslo con perseverancia. Esta fue la senda que llevó a nuestro Miguel hasta un maravilloso grado de perfección. Y hacíase patente en su gran caridad con el prójimo. Estaba siempre dispuesto a escribir las cartas de los que lo necesitaban, a prestar a sus compañeros cualquier servicio: barrer,(**Es6.20**))
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