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((**Es5.516**) alma, y que en algunos de ellos la vida interior se desarrollaba con fenómenos de arcanas iluminaciones. Aquel mismo año de 1857, celebrando un día don Bosco la santa misa, rogó fervorosamente al Señor que se dignase iluminarlo sobre la forma de realizar cierto proyecto. Al volver a la sacristía y deponer los ornamentos sagrados, el chaval que había ayudado la misa, le besó la mano y le dijo al oído: -Usted piensa tal cosa; haga como piensa, que le irá bien. Admirado don Bosco, le respondió: -Es verdad; pero >>cómo lo sabes tú? >>Quién te lo ha dicho? El niño se turbó, balbuceó alguna palabra sin sentido y don Bosco no insistió. Muchas veces tuvo sorpresas parecidas, que indicaban bien a las claras que él y sus hijos formaban un solo corazón y que sus oraciones eran las que, a la recíproca, obraban portentos. A éstas atribuía don Bosco la eficacia de sus bendiciones. José Reano dejó escrito: <((**It5.726**)) obligado a guardar cama. Un día se vio tan mal, que no daba señales de vida. Fue llamado a toda prisa el médico, el cual llegó rápidamente, creyó inútil toda medicina y diagnosticó la necesidad de una urgente operación. Se avisó entonces a don Bosco, quien, una vez junto al lecho del enfermo, le llamó por su nombre, le pasó ligeramente la mano por la frente y le dijo bajito unas palabras que los circunstantes no entendieron. Probablemente le invitó a invocar a la Virgen y ofrecerle alguna promesa; luego hizo una breve oración. En aquel instante, el muchacho abrió los ojos, que hasta entonces había tenido cerrados, miró a don Bosco y sonrió correspondiendo a su sonrisa. Habían desaparecido los dolores, y aquel mismo día se levantaba de la cama>>. El teólogo don Ascanio Savio atestigua: <>-Levántate y ve a comer con los demás. >>El enfermo, creyendo que le era imposible levantarse, no sabía qué hacer y dudaba. Pero don Bosco insistió: >>-Vístete y ve a comer con los demás. >>El joven, confiando en la palabra de don Bosco, se levantó, se vistió y, curado, bajó a comer al refectorio de la comunidad. Añadía mi hermano: >>-Yo quedé aturdido, y casi me resistía a dar crédito a mis ojos. (**Es5.516**))
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