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((**Es5.512**)((**It5.720**)) CAPITULO LVIII LA VIRGEN Y UN MUCHACHO ENFERMO -EL SUEÑO DE LOS PANES -UN ALUMNO MANIFIESTA A DON BOSCO SUS PENSAMIENTOS -DOS CURACIONES -EL TEMOR DEL PURGATORIO -REFLEXIONES SOBRE LOS MILAGROS EL celo con que don Bosco trabajaba por la gloria de Dios era muy grato a la Reina de los Angeles, la cual, como ya hemos dicho, le ayudaba continuamente, no sólo en el desarrollo de su Institución, sino también, y de forma sensible, en la dirección y santificación de sus queridos alumnos; y le conseguía del Señor innumerables gracias de las que le veremos hacer partícipes a los fieles que recurrían a él implorando plegarias y bendiciones. Por ahora nos limitamos a los hechos maravillosos que ocurrieron aproximadamente en estos meses, y los narramos con las mismas palabras de testigos de solvencia. La víspera de la Natividad de María Santísima el estudiante Zucca se hallaba enfermo con fiebre en el Oratorio, y guardaba cama en su dormitorio. De pronto se presentó a su lado la Santísima Virgen, con un aspecto cariñoso y majestuoso indecible, y le dijo: -He venido porque quiero mucho a esta casa; voy a decirte lo que quiero de cada uno de vosotros, y tú se lo dirás confidencialmente ((**It5.721**)) a cada uno de tus compañeros y muy en particular a los de este dormitorio. Dio algunos avisos al enfermo, recorrió lentamente la sala y parándose a los pies de cada cama, decía, refiriéndose al muchacho que solía dormir en ella: -A éste le dirás, esto y esto. Al llegar a cierto punto, señalando la cama del joven Gastaldi, continuó: -A éste le dirás de mi parte, que vaya a confesarse cuanto antes, porque desde Pascua no se ha acercado a los Sacramentos. Vuelta a la cama de Zucca, añadió: (**Es5.512**))
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