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((**Es5.463**) El ministro Rattazzi invitó a monseñor Moreno a revocar aquellas disposiciones, que consideraba lesivas de los derechos de los Municipios, pero como el Obispo se mantuvo firme, indicó a los alcaldes que impidieran la venta de los vasos sagrados, y donde se hiciese, ordenóles que acudiesen a la autoridad judicial. Y que si se ponía en entredicho alguna iglesia, proveyesen a la tranquilidad pública, avisando inmediatamente al Ministerio. Los párrocos, entre tanto, leyeron la circular del Obispo desde el púlpito. El sacerdote Thea, párroco de San Salvador en Ivrea, añadió al comentario alguna palabra, que se juzgó ofensiva para el Gobierno, y se propaló que sería encarcelado. El reverendo Riccardini, que era profesor de Ivrea, frecuentaba el club donde se reunían con frecuencia el alcalde, el sargento, el secretario, el juez y demás autoridades; rogó al secretario que le avisara en cuanto supiera que se había dado orden de detención contra el reverendo Thea. Pues bien, una noche, hacia la doce, he aquí que el secretario llega a la casa parroquial, donde se alojaba el profesor, pidiendo hablar con él, que ya estaba acostado, para comunicarle que la captura había sido ordenada para el día siguiente a mediodía. El reverendo Riccardini, ya no pudo pegar ojo. Bajó a la iglesia a las cinco de la mañana, y dejó que el párroco celebrase tranquilamente la santa misa; se lo advirtió y fue a aconsejarse con Monseñor Moreno. El Obispo mandó ((**It5.652**)) preparar el coche del seminario, y lo envió al puente fuera de la ciudad; escribió una carta a don Bosco y se la entregó al párroco Thea, quien para no infundir sospechas, como quien va de paseo, llegó hasta el coche, subió, y, a toda carrera, se presentó en Turín. Acudió inmediatamente a don Bosco y éste, no bien hubo leído la carta del Obispo, lo acompañó a casa de unos amigos de confianza, que habitaban frente a las cárceles del Senado, en las que hubiera debido ser encerrado, y allí lo tuvo escondido durante varios meses. Fue el profesor Riccardini a Turín y al Oratorio; don Bosco lo acompañó adonde estaba el párroco Thea. Luego, aconsejado por él, Riccardini fue a visitar al Procurador General del Rey, el conde Corsi, a quien confió el asunto. El Procurador le dijo: -Siga escondido el párroco Thea, no se asome a las ventanas y procure no dejarse prender antes de que aparezca la sentencia. Si fuere condenado, interpondremos recurso, y entonces, que venga él a entregarse: serán muchos meses menos de cárcel y mucho más fácil resolver la cuestión. Y así se hizo. Thea fue condenado en rebeldía a cuatro años de (**Es5.463**))
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