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((**Es5.461**) proponiendo la práctica de pequeñas virtudes. José Reano, después de describir los ejercicios espirituales hechos con gran fervor por los estudiantes, nos dejó escrito: <>Una tarde se encontró con las manos llenas de estos papelitos. Leyó en público algunos de ellos que eran preciosos: por ejemplo, los de Rúa, Vaschetti, Bonetti, Francesia, Cagliero, Bongiovanni, etc. Recuerdo el de Rocchietti: También yo, Madre querida, quiero hacerte una promesa: Sé que será muy difícil, dada mi fragilidad, pero, con la ayuda de Aquél que todo lo puede, espero cumplirla fielmente. Cinco son mis sentidos y treinta lo días del mes consagrado a tu honor. Te prometo mortificar cada día uno de mis sentidos, de suerte que cada cinco días repetiré la mortificación de cada sentido y repitiéndolo seis veces llegaré satisfecho al fin de este mes. ((**It5.649**)) >>Otra tarde del mismo mes de mayo decía don Bosco: >>-Las mejores florecillas son las prácticas que se hacen cada día en común: por ejemplo, besar la medalla o bien la tierra tres veces, besar el crucifijo antes de acostarse, dar cada día un buen consejo a un compañero, leer algo referente a la Virgen María, y contárselo a un compañero, rezar con devoción las oraciones de antes y después de las comidas, del trabajo, del estudio, hacer bien la señal de la cruz, etcétera... >>El 16 de mayo preguntó un muchacho a don Bosco públicamente cuál había sido la norma o la llave empleada por Domingo Savio para llegar a ser tan bueno y santo, como un verdadero hijo de la Virgen. Don Bosco le contestó: >>-La llave y la cerradura que Domingo Savio empleó, para entrar en el camino del paraíso y cerrar el paso al demonio, fue la obediencia y la gran confianza con el director espiritual>>. En el mes de junio sucedió en el Oratorio un hecho memorable. El día seis, don Félix Reviglio, terminados sus estudios, era elevado a la dignidad sacerdotal, y fue el primer sacerdote que don Bosco regalaba a la Iglesia. Monseñor Fransoni le había concedido el patrimonio eclesiástico gracias a la recomendación del siervo de Dios. Al día siguiente, domingo de la Santísima Trinidad, don Félix Reviglio celebraba su primera misa, asistido por don Bosco y festejado en la mesa y en el patio con música y poesías. Pero aquella misma noche se despedía de su gran bienhechor y por motivos razonables pasaba (**Es5.461**))
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