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((**Es5.423**) en la marina francesa durante la guerra de Crimea, ya que ((**It5.594**)) el Emperador Napoleón III había puesto la empresa bajo la protección de María Santísima; los capellanes destacados en los regimientos, navíos y hospitales militares dieron pruebas de admirable heroísmo sacerdotal; la emperatriz Eugenia entregó por su propia mano a los generales la medalla milagrosa, que salvó la vida del General Canrobert en la batalla; los soldados moribundos, por el cólera o por las heridas, llamaban a los capellanes, los cuales acudían y los reconciliaban con Dios; las Hermanas de la Caridad hacían maravillas; los sentimientos cristianos, las manifestaciones de fe, y el valor en la lucha de los heroicos hijos de Francia eran constantes. A continuación dedica una página al ejército de Cerdeña: afirma en ella que la mayoría de nuestros soldados quisieron confesarse y comulgar antes de partir para Crimea y que llevaban al cuello la medalla de la Virgen. Recuerda sus heroicas gestas, la gloriosa muerte de los generales Ansaldi y La Mármora, el coronel de Montevecchio, el capitán de San Marzano; y lamenta que no se haya hecho todavía una relación completa de los hechos singulares y gloriosos, que, por una parte, darán siempre mayor relieve al nombre saboyano que nos gloriamos de llevar, y, por otra, manifestarán las convicciones religiosas de aquellos oficiales y soldados que morían exclamando: -Si hay que morir, muramos por la Patria, por el Rey, pero en la santa religión en que hemos nacido y crecido, confortados con sus auxilios que nos salven por la protección de la Santísima Virgen que infunde tanta confianza a los soldados piamonteses. Efectivamente, el Gobierno había enviado a Crimea seis sacerdotes misioneros de San Vicente de Paúl, y setenta Hijas de la Caridad italianas, diez de las cuales y un misionero perdieron allí la vida, víctimas de enfermedad infecciosa, tras haber trabajado y sufrido mucho atendiendo a los heridos y a los enfermos. ((**It5.595**)) Después de estos interesantes recuerdos incluía un largo artículo acerca de algunas supersticiones populares. Cuenta de un párroco que asiste a una velada invernal de campesinos en el establo, donde le piden que les dé una explicación sobre ciertas creencias, supersticiones o errores, que parecen confirmadas por los hechos que ellos mismos narran; se trata de algunas prácticas piadosas a las que se atribuye la virtud de liberarse infaliblemente de un mal; del número trece y el graznido de la lechuza, pronósticos de muerte; del viernes, tenido como día nefasto; de adivinar el futuro, observando a la primera persona que se encuentra al salir de casa en la fiesta de la Circuncisión; de los sueños que dan los números de la lotería; de las (**Es5.423**))
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