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((**Es5.303**) La Virgen Roja dejó de acudir unos días a la iglesia y decía de don Bosco: -Ese cura es un demonio. Pero la misericordia del Señor no la abandonó todavía. En la mañana siguiente a la muerte, don Bosco predicó sin hacer ninguna alusión. Por la tarde explicó las palabras de Jesucristo: Estote parati quia qua hora non putatis filius hominis veniet (estad, preparados, porque el hijo del hombre vendrá en la hora que menos penséis); y demostró que quien no está en vela corre peligro de perderse, por falta de tiempo, de voluntad o de gracia. Y terminó diciendo: -Vamos a rezar un padrenuestro, avemaría y réquiem, encomendando a la misericordia de Dios al pobre amigo nuestro que murió esta noche. Y lo recitó lentamente. Dos días después, por la tarde, estaba la iglesia a rebosar. Don Bosco hablaba del momento de la muerte, de los remordimientos, del miedo y de las inquietudes del pecador impenitente. Describía la angustiosa agonía, el último aliento y el cadáver deforme, inmóvil sobre el lecho. Pero, de pronto, sorprendido por un pensamiento repentino, prosiguió su descripción: -El pecador muerto en desgracia de Dios, encerrado en el ataúd, precedido de las cofradías que salmodian el miserere, es llevado a la iglesia a hombros... llega el féretro a la puerta... entra en el templo... avanza aquel ataúd... más... aquí... en medio... delante de mí... sobre esos dos caballetes. La ((**It5.421**)) escena era tan viva que la gente miraba en derredor presa de íntimo terror. Y don Bosco prosiguió: -Ya he hablado bastante. Ahora debe hablar otro en mi lugar. >>Quién será? >>Mi compañero? íNo es su hora! >>El Señor Cura? íNo le toca ahora a él! >>A quién recurriré yo en este momento para que nos haga oír su voz? >>Al crucifijo? íNo es la hora de la misericordia! >>Al Santísimo Sacramento? íNo es la hora del amor! >>A la Virgen? No, no, madre querida; no es la hora de la intercesión. >>A quién, pues, recurriré esta tarde? Callóse; y tras un breve intervalo, continuó con voz trémula: -íA ti, a ti, cadáver! Abrid el ataúd: íLevántate! íSal fuera! íResponde! >>En qué estado te ha sorprendido la muerte? >>Qué es lo que te ha faltado para salvarte? >>Sermones tal vez? >>Sacramentos? >>Consejos? >>La gracia? A todas estas preguntas daba don Bosco la oportuna respuesta (**Es5.303**))
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