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((**Es5.292**) <>. Pero aquéllos mismos a quienes él había invitado y de los que esperaba una generosa obediencia y resolución, cuántas veces frustraron sus esperanzas. Fue ésta una cruz pesada que hubo de arrastrar por años y años, mas sin desalentarse lo más mínimo. Conseguía muchos para los demás, y apenas lograba quedarse alguno que otro para sí. La oposición de buen número de padres y la inconstancia de los candidatos hacían casi estériles por este lado sus heroicas fatigas y sacrificios. Ya lo hemos dicho en otra parte. <((**It5.405**)) ordenación sacerdotal o al anochecer del día de su primera misa, manifestaron con toda franqueza que no era para ellos la vida del Oratorio, y se marcharon. El deseo de una vida más tranquila y más cómoda, les hacía preferir una parroquia, un seminario diocesano o una orden religiosa, aunque fuera en el extranjero. Y no faltaban quienes, después de unos años de estudios teológicos, colgaban los hábitos>>. Estas defecciones debíanse en gran parte a la turbación y desasosiego promovidos por el espíritu de las tinieblas, que no cejaba en su empeño de obstaculizar a don Bosco el que avanzara por su camino. Efectivamente, aquellos jóvenes, aún fuera del Oratorio, conservaron siempre vivo aprecio y respeto a don Bosco y dieron de ello espléndidas pruebas. Pero, si don Bosco procuraba atraer a algunos de sus alumnos y formarlos en un ambiente de sociedad religiosa para que más tarde fueran sus colaboradores, nunca insistió, jamás impuso la vocación, y ni él ni nadie presionaba en ninguna ocasión a los jóvenes para que la siguieran, sino que les dejaba en plena libertad de elegir. Así lo confirma el canónigo Berrone, testigo de ello durante varios años. Y añadía el teólogo Reviglio: (**Es5.292**))
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