Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


((**Es3.117**) aún cuando estas comuniones se repetían por lo menos una vez al mes, por uno u otro motivo. No se conformaba con el número de comuniones; por cuanto de él dependia, se esforzaba con toda su alma para impedir que ni una sola de ellas fuera un sacrílego ultraje a Nuestro Señor Jesucristo. En cuanto a la confesión, repetía lo que había escrito en el autógrafo más arriba citado: <>. Y en cuanto a la sagrada comunión, siempre afloraban a sus labios algunas máximas que los alumnos de aquel tiempo nos repitieron textualmente: << Antes de acercaros a recibir el adorable Cuerpo de Jesucristo, debéis reflexionar si está vuestro corazón con las debidas disposiciones. Sabed que el hijo que, después de haber pecado, no quiere enmendarse, esto es, quiere ofender nuevamente a Dios, aunque se haya confesado, no es digno de acercarse a la Mesa del Salvador; y, comulgando, en vez de enriquecerse de gracias, se hace más culpable y digno de mayor castigo. Por el contrario, si os habéis confesado con propósito firme y eficaz de enmienda, acercaos también a recibir el pan de los ángeles y proporcionaréis un gran placer a ((**It3.138**)) Nuestro Señor Jesucristo. El mismo, cuando andaba visible por esta tierra, demostraba predilección especial por los niños devotos e inocentes, pero invitaba a todos a seguirlo diciendo: -íDejad que estos niños vengan a Mí, y no se lo impidáis!- y les daba su bendición. Escuchad, pues, su amorosa invitación y venid a recibir no sólo su bendición, sino a El mismo en persona>>. El fruto consolador de sus exhortaciones eran las confesiones sin número que le tocaba atender. Estas fiestas imponían a don Bosco nuevas preocupaciones. Pensaba en todo, proveía a todo y atendía a todo: adornar la capilla, enseñar a los cantores, ensayar las ceremonias a los monaguillos, pedir prestados en el Refugio los ornamentos sagrados que le faltaban, preparar en la sacristía todo lo necesario para las sagradas funciones, imprimir programas, invitar personalmente o por escrito a los bienhechores, elegir al Prior, encontrar sacerdotes para la misa solemne y predicador para el panegírico, buscar limosnas para pagar los gastos, preparar desayuno para los muchachos, que se distribuía a todos, también a los que no comulgaban. (Los que sean conocedores de los Oratorios Festivos, añadan lo que yo omito). A los cuidados de don Bosco correspondía el orden y la alegría (**Es3.117**))
<Anterior: 3. 116><Siguiente: 3. 118>

Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


 

 

Copyright © 2005 dbosco.net                Web Master: Rafael Sánchez, Sitio Alojado en altaenweb.com