Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


((**Es2.437**) -Se trata de castigos que amenazan a Francia. No sólo es ella culpable; también lo son Alemania, Italia y toda Europa y merecen castigo. Temo mucho la indiferencia religiosa y el respeto humano. Y no añadió más.>> Hasta aquí la narración de don Bosco. Es incalculable el bien espiritual que reportaban los muchachos del Oratorio con estas narraciones, hechas por un sacerdote que les hablaba de la Virgen, como si la hubiera visto: tal era la vida que daba a sus descripciones, no tanto en las palabras cuanto en el pensamiento. Los muchachos, que no sabían nada de los sueños de don Bosco, muchas veces se sentían conmovidos por sus palabras y entonces repetían su canto familiar: Somos hijos de María, con fervoroso entusiasmo. La fiesta de la Inmaculada Concepción era una verdadera preparación para la Navidad. Don Bosco nutría una gran fe por todos los misterios de nuestra santa religión. Así, para exteriorizar con toda su alma la devoción que sentía por la ((**It2.583**)) Encarnación del Verbo Divino, y de excitarla y acrecentarla en los demás, había solicitado de la Santa Sede la facultad de administrar la santa comunión en la capilla del Oratorio durante la misa solemne de media noche, cantada por primera vez en ella. Pío IX se la concedió para tres años. Anunció a sus muchachos la alegre noticia, preparó e hizo aprender a sus cantores una misa sencilla y algunos villancicos que él había compuesto en honor del Niño Jesús y al mismo tiempo procuró adornar lo mejor que pudo su iglesita. Invitó a los muchachos y a otros fieles y empezó la novena. El Arzobispo le había autorizado para dar la bendición con el Santísimo siempre que lo deseara; pero sólo en estas ocasiones podía conservar en el sagrario la Santa Eucaristía. Grande fue la concurrencia. Supo infundir en el ánimo de sus pequeños amigos sentimientos de gran ternura hacia el Divino Infante. Como no había más sacerdotes que él, por la tarde de los nueve días confesaba a los que querían comulgar al día siguiente. Por la mañana bajaba a la iglesia, con tiempo, para dar esta comodidad a los artesanos que debían ir al trabajo. Celebraba la santa misa, administraba la comunión, predicaba; unos catequistas, por él amaestrados, cantaban las profecías y se terminaba con la bendición del Santísimo Sacramento. La noche inolvidable de Navidad, después de haber estado confesando hasta las once, cantó la misa, administró la comunión a varios centenares de personas y, al terminar, se le oyó conmovido (**Es2.437**))
<Anterior: 2. 436><Siguiente: 2. 438>

Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


 

 

Copyright © 2005 dbosco.net                Web Master: Rafael Sánchez, Sitio Alojado en altaenweb.com