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((**Es19.209**) dotes naturales, cómo no se despertaría también en ellas, junto con la admiracion, el aprecio de tan grandes cosas y, con el aprecio, quién sabe de qué más? >>Quizás un principio de deseo y, con el deseo, un principio de esfuerzo por estas sublimes alturas? ((**It19.248**)) Esto sólo, ya constituiría una inmensa ganancia para la educación de las almas. Pero luego, cuántos otros y qué evidentes beneficios hay para la elevación misma de estos heroísmos supremos, aun cuando resultan más admirables que imitables; puesto que basta un poco de reflexión para descubrir que hay algunos supremos ejemplos de fidelidad, de paciencia, de heroísmo llevado hasta los más altos sacrificios. Hay momentos y situaciones de la vida en los que el cumplimiento del deber, la renuncia a una ganancia prohibida, a un placer que no es lícito, puede costar sacrificio: entonces, precisamente en aquellos momentos, son estos grandes espíritus los que nos amonestan, los que nos señalan, frente a todas las debilidades y las dudas, frente a todas las temerosas luchas entre el deber y el placer, el camino a seguir, la ley a guardar; ésos, que dieron la sangre y la vida para triunfar, con fortaleza cristiana, contra todos los obstáculos, nos repiten a todos: Nondum usque ad sanguinem restitistis (no resististeis hasta la sangre): >>qué se os pide a vosotros, en comparación de lo que se nos requirió a nosotros? íY son tantos los que dieron su sangre y la vida por conservarse fieles a Dios, por no perder el fruto de la Redención! Y como todo esto puede llegar a ser muy práctico, >>qué es -dicen los Mártires-, qué es, por ejemplo, el sacrificio que la profesión de la vida cristiana, el honor del nombre, de la dignidad cristiana pide a pobres muchachas, a mujeres jóvenes, llamándolas a renunciar a una moda que ofende a Dios, que ofende al nombre de cristiano, que ofende a la misma dignidad humana? >>Y qué es esta renuncia en comparación de aquellos supremos sacrificios ofrecidos por fidelidad a Dios? >>Qué es, en comparación de éstos, el deber humano y cristiano de renunciar a una industria que no es honrada o a una ganancia fácil y deshonesta, de la que posiblemente nadie se enterará, pero que no escapa a los ojos de Dios? >>Qué se le pide a un joven que siente toda la dignidad de su profesión cristiana, de su nombre cristiano, cuando se le pide que desafíe con noble valor el respeto humano (lo cual no debería ser por otra parte demasiado difícil) y renunciar a espectáculos, a reuniones, a bailes que escarnecen la dignidad humana, amén del honor cristiano? He ahí, en todo esto, unos mártires disminuidos, muy disminuidos, que deben obtener de los grandes, de los mártires completos, una fuerza, una luz celestial, una inspiración a la que nadie debe negarse. Pero hay, además, estados completos de vida, situaciones en las que se halla una magnífica práctica de martirio. Muchas veces se cumplen las hermosas palabras de San Agustín: <>. Non ideo honorabilis virginitas, quia etiam in virginibus martyrium reperitur, sed quiafacit ipsa martyres. Maravillosas palabras; porque, en efecto, ésa es una vida, una práctica de la virtud, una vida elevada y alimentada por esta virtud, que se asemeja ((**It19.249**)) y no poco, a un largo martirio; una vida tan alta, que ciertamente está modelada sobre la que llevó en la tierra el Señor de los Angeles con su ejemplo; una vida toda hecha de renuncias a lo que, en cambio, busca la vida mundana con tan codiciosa avidez. Ahora bien, este género de vida nos hace pensar que muchas veces nacieron esas virtudes de la admiración tributada a los Santos Mártires, precisamente como decía el mismo San Agustín, al hablar de la multiplicidad de los mártires: <(**Es19.209**))
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