Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


((**Es19.137**) propia persona, para entregarse a todo lo que pudiera contribuir al bien de las almas. Y Nos mismo recordamos las hermosas palabras que él en persona, mirando el porvenir con genial intuición, Nos decía al congratularnos con él por haber visto tantas cosas hermosas en sus casas, en sus talleres, en sus escuelas. Y tened en cuenta que no se trataba del bien en sí mismo, sino simplemente de las instalaciones para hacer el bien, en las cuales procedía con la seguridad de la más feliz inspiración. El, que como muy bien sabéis, siempre hablaba de sí mismo en tercera persona, respondía a nuestras felicitaciones: -Cuando se trata de hacer algo que mira a la gran causa del bien, don Bosco quiere ir siempre a la vanguardia del progreso. Esta palabra que un día oímos de labios de vuestro padre, queridísimos hijos, pensamos dejárosla como recuerdo, como fruto, como propósito para el trabajo, como la más bella conclusión práctica de esta hora maravillosa que Nos habéis proporcionado. Cuando se trata del bien, de la verdad, del honor de Dios y de la Iglesia, del Reino de Jesucristo, de la salvación de las almas, ísiempre a la vanguardia del progreso! Sea ésta vuestra palabra de orden, el estímulo constante para caminar cada vez más animosamente por los hermosos caminos a los que os preparan la palabra, la exhortación, el ejemplo y ahora la intercesión del Beato Juan Bosco. ((**It19.158**)) Con esta magnífica visión del pasado y previsión para el porvenir os impartimos la Bendición Apostólica, todas las bendiciones que habéis venido a pedir a vuestro Padre en un momento tan hermoso; todas esas bendiciones que Nos ha pedido vuestro muy afortunado intérprete para cada una de sus familias: las bendiciones que en este momento os impartimos de corazón a todos y cada uno de vosotros, jóvenes y no jóvenes, junto con todas las cosas y personas queridas, instituciones, obras, aspiraciones, casas, colegios, misiones, que cada uno de vosotros lleva en el pensamiento y en el corazón y desea sea bendecido. Descienda sobre todo ello nuestra paternal bendición y permanezca siempre. Cuando hubo terminado de hablar, el Padre Santo se puso en pie para impartir la bendición. Toda la asamblea enajenada, conteniendo a duras penas la emoción, tomó una actitud de devota piedad; pero, al llegar al maneat semper, desahogó su entusiasmo con aplausos que subieron a los cielos. Adelantóse el Papa con el séquito hasta el borde de la tribuna, la recorrió de uno a otro lado saludando con repetidos gestos de sus manos, mientras crecían en intensidad los gritos juveniles. íQué clamorosa alegría! La fervorosa manifestación de afecto no cesó hasta que el augusto Pontífice entró en sus estancias. <>. Dos días más tarde hubo otra audiencia bastante más reducida, pero digna también de recuerdo. Se trataba de los doscientos clérigos mencionados más arriba y los doscientos cincuenta alumnos de la casa madre de Valdocco. Los primeros estaban alineados en la sala Clementina y entonaron el Oremus pro Pontifice al llegar Su Santidad, (**Es19.137**))
<Anterior: 19. 136><Siguiente: 19. 138>

Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


 

 

Copyright © 2005 dbosco.net                Web Master: Rafael Sánchez, Sitio Alojado en altaenweb.com