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((**Es18.445**) Me parece que estoy siempre rezando, pero no lo sé de cierto... Ayudadme vosotros... Era opinión general que su mejoría se debía a una gracia especial por las infinitas plegarias que por él se hacían. Los que lo asistían, no daban crédito a sus propios ojos, el siete de enero, al verlo comer pan tostado, un huevo y, después, café. Antes de tomar el alimento, se quitó el gorro de dormir, se santiguó y rezó llorando. Se tenía el temor de que aquello pudiera causarle daño; pero lo retuvo bien. Después, con sorprendente vivacidad, empezó a ((**It18.512**)) pedir informes sobre mil cosas. Quiso saber noticias de Roma, del Papa, de las fiestas del jubileo sacerdotal, de la política de Bismark y de Crispi. Después preguntó por las novedades del Oratorio y quiso hablar con algunos clérigos, entre los cuales estaban Festa y Dones. Hacía mucho que no se había encontrado tan bien. Hacia las seis de la tarde, llamó a Viglietti y le dijo: -Haz que te explique don Juan Bautista Lemoyne cómo puede suceder que una persona, después de veintiún días de cama 1, casi sin comer, con la mente debilitada hasta el extremo, de pronto haya vuelto en sí, lo perciba todo, se sienta con fuerzas y casi capaz de levantarse, escribir y trabajar... Sí, en estos momentos me siento como si nunca hubiera estado enfermo. Lo restante te lo diré después. Es un misterio que ni yo mismo puedo comprender. A quien preguntase el cómo, se le podría responder así: Quod Deus imperio, tu prece, Virgo, potes (Oh, Virgen, con tu oración consigues lo que Dios con su voz omnipotente)... Y estos secretos permanecen tales hasta la tumba. Don Carlos Viglietti le urgía a que le revelase el secreto, repitiendo: -Pero a nosotros, por lo menos, nos lo dirá... -No, no, le respondió. Hay que pararse aquí; de lo contrario, se desvanece el pensamiento de lo sobrenatural. Lo que importa es la intervención de Dios en las cosas, y dejar de lado el modo. Carlos, éste no es todavía mi momento. Podría serlo dentro de poco, pero ahora no. Piénsese lo que fuese sobre esto, es indudable que aquella inesperada pausa de la gravedad le dio la posibilidad de ordenar ciertos asuntos, dar instrucciones para la organización material del Oratorio y tomar decisiones sobre el personal de alguna casa. A veces, sacudiendo 1 En realidad, eran dieciocho. Pero, antes del veintiuno de diciembre, se levantaba tarde y se acostaba pronto. (**Es18.445**))
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