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((**Es18.442**) tanta compasión con sus oraciones, siga viviendo para bien de todos. No me atrevo a decir que he rezado por él todos los días, pues con lo poco que valen mis oraciones, sería mucha soberbia referirme a ellas; pero lo he hecho y continúo haciéndolo. Que Dios nos conserve a tan buen padre y yo pueda decirme a mí misma, en medio de mi gran tribulación: ''Don Bosco lo sabe y ruega por ti''. Ciertamente es egoísta desear que, por medio de la oración, se le retarde a usted la hora de la recompensa, pero >>por qué es usted tan sensible a nuestras miserias?, >>por qué quiere remediárnoslas todas? Mi sufrimiento material que no cesa, antes va en aumento, se me hace cada vez más llevadero, sabiendo que usted participa del mismo>>. Al escribir, todos empleaban los más exquisitos y delicados términos. Fue, en suma, un plebiscito mundial de afecto y veneración, podemos decir que sin precedentes, para con un simple sacerdote. En tanto, el Boletín Salesiano de enero publicaba la acostumbrada carta a los Cooperadores, dando cuenta de la labor realizada durante el año 1887 y exponiendo los proyectos para 1888. De don Bosco no había más que la firma y cuatro pensamientos, dictados por él mismo y que se destacaban del resto por ir en letra cursiva. Seguían a la carta breves y precisos informes sobre la salud del Santo. Los pensamientos antes citados eran éstos. ((**It18.509**)) 1.° Si queremos que prosperen nuestros intereses espirituales y materiales, procuremos, ante todo, que estén en regla los intereses de Dios, y promovamos el bien espiritual y moral de nuestros prójimos, por medio de la limosna. 2.° Si queréis obtener más fácilmente una gracia, haced vosotros la gracia, o sea la limosna, a los demás, antes de que Dios y la Virgen os la hagan a vosotros. 3.° Con las obras de caridad, nos cerramos las puertas del infierno y nos abrimos las del paraíso. 4.° Recomiendo a vuestra caridad todas las obras que Dios se ha dignado confiarme, en el transcurso de casi cincuenta años; os recomiendo la educación cristiana de la juventud, las vocaciones al estado eclesiástico y las misiones; pero os recomiendo de modo muy particular que cuidéis de los muchachos pobres y abandonados, que siempre fueron la porción más querida de mi corazón en la tierra y que, por los méritos de nuestro Señor Jesucristo, espero que sean mi corona y mi alegría en el cielo. Casi de repente se recibió el primero de año la noticia de la muerte del Conde Colle; sus ataques de corazón, que se le habían ido repitiendo con mayor frecuencia desde el verano, al fin prevalecieron y causaron su muerte. Se requirió mucha cautela para comunicárselo al enfermo, que tanto le quería. Don Miguel Rúa, a quien don Bosco llamaba frecuentemente aquellos días y sostenía a solas con él conversaciones (**Es18.442**))
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