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((**Es18.154**) podía abrir. Abriólas él y vio que estaban llenas de monedas de cobre. ->>Qué quiere decir esto?, preguntó el siervo de Dios a su guía. -Los ricos, le contestó éste, tendrán estas monedas, y los diamantes, el oro, la plata, las piedras preciosas, todo pasará a manos de los pobres. Los ricos perderán su poder y serán expoliados. De cuando en cuando, don Bosco salía del chalet del Obispo para ir al Santuario de San Mauricio, en compañía del secretario episcopal. Una mañana, desde lo alto del collado denominado también de San Mauricio, se detuvo a contemplar el espléndido panorama y viendo en frente, sobre un otero aislado, un gran edificio, dijo: -íQué bonito y encantador resulta ese montículo con ese magnífico edificio! íQué a propósito sería para un colegio salesiano! Era Monte Oliveto, donde se levantaba un edificio que había pertenecido a los jesuitas y, más tarde, a los cartujos y, entonces, al patrimonio nacional. Don Pablo Albera abrió allí el año 1915 un asilo para huérfanos de la guerra europea y su sucesor, una vez cumplida ya su primera finalidad, instaló allí un noviciado salesiano 1. Como se encontraba discretamente recuperado, quiso volver a Valdocco para asistir al reparto de premios del final de curso. Partió, pues, el día trece de agosto por la mañana. Quiso dar una propina al personal de servicio, que con tanta delicadeza le había atendido; pero ellos no quisieron recibir nada y le rogaron, en cambio, que aceptara una pequeña cantidad recogida entre ellos para sus niños pobres. Enternecido, les aseguró que los tendría siempre presentes en sus oraciones. -No podría hacernos mejor regalo, le respondieron. Es un honor para nosotros poderle servir. íOjalá pudiéramos darle un poco más de salud! El Obispo lo acompañó hasta la estación. >>Quién hubiera ((**It18.171**)) dicho que no se verían más en este mundo? La Santa Sede había transferido a monseñor Chiesa a Casale, en donde había fallecido monseñor Ferré: a un amigo de don Bosco le sucedía otro amigo. Pero Dios lo llamó a sí repentinamente el día cuatro de noviembre. Aunque la ausencia no había sido muy larga ni había ido lejos, sin embargo, sus hijos, pequeños y grandes, celebraron su vuelta, a la hora de la comida. Y sabiendo lo mucho que le agradaban las noticias 1 El piadoso deseo de don Bosco lo cuenta monseñor Cesano, que era precisamente secretario del Obispo, en un Número único que se publicó con motivo de la inauguración del agua y de la luz en Monte Oliveto. (Turín, Soc. Ed. Intern. 1923, pág. 6.) (**Es18.154**))
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