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((**Es18.112**) alegró más que si se hubiera tratado de un rey de España. En consecuencia, engalanaron el palacio, prepararon un gran banquete en el salón principal y la mejor habitación para el huésped. Don Juan Ferrés describe así su impresión de entonces: <>. A su salida, quisieron acompañarle hasta CerbŠre los señores Joaquín de Carles padre e hijo con los dos hijos menores Emilio y Eduardo. La visita fue breve, pero muy duradera la correspondencia epistolar. Dada la brevedad de la demora, no pudo hacer ni recibir muchas visitas. Recibió, entre otros, al Obispo, monseñor Tomás Sivilla, que fue al día siguiente muy de mañana porque tenía gran deseo de verle. Al observar el suntuoso alojamiento que le habían preparado, dijo al señor Carles, que le acompañaba: ->>Cómo, esta habitación para don Bosco? A lo que él respondió: -Excelencia, si hubiera tenido otra mejor, se la habría preparado. Se marchó a las ocho y media de la mañana. Toda la ((**It18.121**)) familia del señor Carles quiso acompañarle hasta Port-Bou, despidiéndose de él con las más exquisitas demostraciones de reverencia y afecto. Cuando se quedó solo con don Miguel Rúa y Viglietti (don Juan Branda que le había acompañado hasta allí también debió volverse), aceptó de buena gana la comida que allí le había preparado una buena señora, y tomó después en las horas de la tarde el tren para Montpellier, desde donde tenía intención de dirigirse a Italia, por la línea más corta. Le urgía llegar pronto a Turín, pues se aproximaba la novena de María Auxiliadora; pero se había decidido que hiciera el viaje por etapas, como lo aconsejaban sus condiciones físicas. Después de una hora de espera en Cette, que aprovechó para saludar a una rica familia, siguió a las seis y media el itinerario de la jornada, cuya meta era Montpellier. Allí le esperaban, con los brazos abiertos, el Rector del Seminario Mayor y los demás superiores, que lo acompañaron a cenar con los seminaristas. La mañana siguiente, ocho de mayo, celebró la misa de la comunidad; después dio audiencia a numerosas personas que esperaban desde muy de mañana a la puerta del Seminario. Hacia las once, invitado por la Superiora, fue a visitar a las religiosas (**Es18.112**))
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