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((**Es17.469**) SAN JUAN EVANGELISTA La salud de los Hijos de María, que se habían instalado en San Juan Evangelista en otoño de 1884, no era tan buena como en Mathi y en Sampierdarena; don Bosco estaba preocupado por ello. En la sesión capitular del día diez de julio llamó la atención de los Capitulares sobre el particular, diciendo: -Son ya bastantes los Hijos de María que han vuelto a sus pueblos por enfermedad. >>Será debido a los aires o a la humedad del local nuevo? >>Será por estudiar demasiado o por las otras ocupaciones? Conviene que don Miguel Rúa invite a nuestro médico, el doctor Albertotti, al médico de aquella casa y al doctor Fissore a que hagan una visita sanitaria y comuniquen después el resultado. También es digno de atención que aquella casa ofrece dificultades con respecto a la modestia por causa de las ventanas. Sin aguardar el parecer de los médicos, se juzgó que podían contarse, entre las causas del malestar: la mala distribución de las ocupaciones, el bajar sudados a los sótanos donde estaban el comedor y la capilla, el ponerse a trabajar demasiado pronto después de la comida, el afán por los estudios, el cambio total del género de vida, pues había de resultar duro para jóvenes, acostumbrados en su mayoría a las faenas del campo, el vivir encerrados entre cuatro paredes. Los tres médicos, después de examinar las condiciones higiénicas del ambiente, sugirieron remedios de fácil aplicación, excluyendo el traslado de la sede; puesto que incluso habíase discutido la idea de adquirir en Cirié un edificio capaz para este traslado eventual. ((**It17.546**)) Efectivamente todo se redujo a modificar el régimen o dieta, y ello bastó para que ya no se repitieran los inconvenientes que se lamentaban. Esta paternal solicitud arroja nueva luz sobre la gran importancia que don Bosco seguía dando a sus Hijos de María; es más, en aquella misma sesión capitular confirmó su manera de ver, observando: -La mayoría de los Hijos de María se quedan con nosotros y tenemos muchas ventajas cuidándolos. Ante todo, no chocamos con los Obispos, que generalmente no se preocupan de ellos por miedo a su conducta y prefieren a los jovencitos; después, los padres se oponen menos a su vocación y ellos mismos tienen pocos proyectos en la cabeza, mientras que, en los jovencitos, la fantasía forja mil esperanzas; en fin, las autoridades escolásticas no se entremeten tanto y no recelan de escuelas de este tipo. Volvió a hablar de esta su querida Obra en la reunión del día diecisiete de septiembre, desarrollando otro aspecto de su pensamiento: (**Es17.469**))
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